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 ¿La energía nuclear puede salvar el clima?
Edición mayo 2007

La humanidad no podrá evitar el cambio climático optando por la vía nuclear. Sencillamente, esta tecnología no puede desarrollarse a la escala requerida y en el plazo limitado que resta para salvar nuestro clima. Los fondos dedicados a esta forma de energía sólo irán en detrimento de opciones más eficaces y adecuadas a las economías nacionales y a las necesidades de la población.

Energía nuclear frente a desarrollo

La energía nuclear plantea enormes problemas en los países del hemisferio sur, incluso en aquellos que se consideran naciones en desarrollo: la proliferación nuclear, los peligros específicos que generan las dictaduras, determinados costes financieros, etc.

15- La energía nuclear no conduce al desarrollo.
Los fondos asignados a los proyectos nucleares en los países del hemisferio sur contribuyen de manera muy escasa al desarrollo nacional. Este hecho se debe fundamentalmente a la naturaleza del sector de la energía nuclear en sí, vinculado al tratamiento de cuestiones militares-industriales. Las tecnologías utilizadas en este sector tienden a no extenderse al resto de la economía. Además, a diferencia de sus competidores (las energías renovables y las medidas de ahorro energético), la energía nuclear carece de alcance adicional en cuanto a progreso técnico. Este aspecto es esencial para la creación de valor en las nuevas industrias, según afirma el científico brasileño y antiguo ministro del gobierno José Goldenberg, que señala que los períodos de prácticas en el sector nuclear han dejado de existir, dado que los costes que conllevan siguen aumentando progresivamente.

El cambio climático y la energía nuclear (1ª Parte)

16- La energía nuclear lleva a la corrupción en los países del hemisferio sur. Tal es el resultado sobre todo de la naturaleza exclusivamente bilateral del comercio nuclear. Las instituciones financieras de escala mundial como el Banco Mundial y otros organismos internacionales suelen descartar la intervención directa en el sector nuclear. Por tanto, las exportaciones dependen de la ayuda de los países proveedores. Tales ventas se ven entorpecidas en gran medida por la corrupción y por el peligro de las infracciones de seguridad. Entre los ejemplos figura el régimen de Marcos en Filipinas, la era peronista en Argentina y el período de dictadura en Brasil, que dieron lugar a adquisiciones inadecuadas y peligrosas de reactores que, en muchos casos, nunca llegaron a funcionar. La misma pregunta se plantea actualmente a cerca de los mercados en China e India.

17- Los «elefantes blancos» del hemisferio sur. Las centrales nucleares construidas en el hemisferio meridional constituyen una parte significativa de la deuda nacional de los países en desarrollo. En Filipinas, la central de Bataan, que aún no ha comenzado a operar, ha constituido durante los últimos veinte años la mayor partida de deuda externa en un país que ya desembolsó 906 millones de dólares en facturas entre 1996 y 1998. En Argentina se encuentra el reactor Atucha II, aún pendiente de ser completado veinticinco años después de que se iniciaran los trabajos en su emplazamiento (1 000 millones de dólares en pérdidas). Del mismo modo, la central Angra III en Brasil nunca se culminó, mientras que, en México, pronto comenzarán los trabajos de desmantelamiento de la instalación de Laguna Verde, cuya puesta en marcha se demoró treinta años desde la realización del pedido inicial.

18- Energía nuclear y nacionalismo. Abundan los ejemplos de países que desarrollan la energía nuclear únicamente por razones nacionalistas, sobre todo con vistas a la construcción de bombas atómicas. Muchos de los acuerdos de transferencia de tecnología del pasado no podrían haber tenido lugar sin cierto grado de conformidad de la Administración, como el caso de la venta de reactores nucleares al Iraq de Saddam Hussein. Aún cuando no tuviera que ver con armas nucleares, este deseo de poder es plenamente contradictorio con el tipo de desarrollo sostenible que revierte en beneficio de todos. 

19- La naturaleza ambigua de los tratados. Con las normas internacionales que rigen la industria nuclear civil, en especial las aplicables a los Estados que son partes del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), se pretende tanto rechazar los programas nucleares militares como promover «el derecho a la energía nuclear civil» y se aboga firmemente por la transferencia de tecnología en este campo. En este sentido, la comunidad internacional anima a los estados firmantes a establecer o utilizar administraciones y a promover estudios en el ámbito de la energía nuclear, sobre todo en las naciones más desfavorecidas que nunca tendrían acceso a esta forma de energía, ni interés en la misma. El Canciller alemán Willy Brandt denunció esta situación hace muchos años, ya que minaba el comercio de tecnologías nucleares y daba lugar a la supresión de recursos humanos en forma de personal investigador, que podría haber sido utilizado de manera mucho más adecuada en otros campos.

20- La energía nuclear, a merced de la geopolítica. El comercio en el ámbito de la energía atómica deriva fundamentalmente de la decisión de los Estados y las empresas públicas de electricidad. Contrariamente a lo que afirman los defensores de la energía nuclear, los países en desarrollo asumen un riesgo político cuando invierten en la misma. Se aplican con frecuencia embargos (India ha sido objeto de uno desde 1971). Los conflictos entre bloques políticos actuales o pretéritos ejercen una influencia considerable en esta forma de comercio y generan una situación de aplicación de doble rasero: asistimos al hecho de que Georges W. Bush liberaliza actualmente el comercio nuclear con India y, al mismo tiempo, permite que este país haga un uso pleno de sus reactores de plutonio, concebidos para utilización militar. Simultáneamente, se ha procedido al aislamiento de Irán, que corre el riesgo de un embargo internacional inminente. Por tanto, en lo que se refiere a los operadores del hemisferio sur, la energía nuclear plantea muchas más incertidumbres que otras fuentes energé

21- La energía nuclear, fuera del Protocolo de Kyoto. El uso de energía nuclear se ha excluido del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). El rechazo por parte de los países del hemisferio sur viene motivado fundamentalmente por el hecho de que las naciones menos desarrolladas o más vulnerables derivan unos beneficios escasos o nulos en términos de desarrollo del uso de la energía nuclear. La inclusión en los mecanismos de proyectos nucleares de gran escala habría perjudicado gravemente la participación de los países menos desarrollados en los acuerdos de Kyoto. Los beneficios medioambientales de la energía nuclear resultarían especialmente difíciles de probar en el caso de los países en desarrollo. A pesar de los deseos de la industria nuclear, este rechazo de la energía nuclear en el Protocolo de Kyoto se ha incluido en los Acuerdos de Marrakesh y ha sido confirmado por los Estados que ratificaron la reunión sobre dicho Protocolo en Montreal, en diciembre de 2005.

22- Demoras en la construcción de reactores, que exceden actualmente de doce años en la mayoría de los casos, e incluso llegan a los veinte o treinta en otros, generan un considerable coste de oportunidad para los países en desarrollo, cuyas necesidades de crecimiento y financiación suelen caracterizarse por el corto plazo. La mayor parte del coste de la energía nuclear corresponde en realidad a los intereses que han de abonarse durante la fase de construcción y los tipos son superiores en el caso de los países menos desarrollados. Tal es la razón también por la que la construcción por parte del sector privado (financiación de proyectos) nunca se ha aplicado a la industria nuclear.

23- Ausencia de una red eléctrica apropiada. Los países del hemisferio sur carecen de la red de alto voltaje requerida para transmitir la corriente generada por las centrales nucleares de gran capacidad. Tales redes de transmisión escapan a su alcance financiero y no resultarían adecuadas a las pautas de consumo nacional. Los reactores sólo podrían suministrarse a los países de gran densidad de población que comienzan a emerger económicamente; no obstante, en tales casos, los períodos de construcción prolongados requeridos colocarían a la energía nuclear en desventaja en comparación con otras formas de energía.

24- El enorme tamaño de las centrales nucleares constituye un obstáculo para la mayoría de los países. Las redes eléctricas necesarias para absorber la producción generada por las centrales nucleares queda fuera del alcance de los países escasamente poblados del hemisferio sur y, a menudo, les rendiría una escasa utilidad. De hecho, las redes de transmisión de electricidad deben desarrollarse al mismo ritmo que la economía nacional. Este efecto es aplicable porque los reactores nucleares no son adecuados para dar respuesta a la demanda: crean un exceso de capacidad temporal cuando se ponen en servicio por primera vez, dado que el programa de construcción sólo puede ajustarse a la demanda de electricidad mediante la adopción de «pasos» a gran escala. La escala de los reactores (más de 1 000 MW) fomenta incluso el despilfarro. Este efecto se ve agravado por la incertidumbre respecto a la duración de la fase de construcción, un rasgo característico de los proyectos nucleares en el hemisferio sur que impide que esta forma de energía se mantenga al ritmo del desarrollo económico.

25- No se dispone de reactores de pequeña escala. Sin embargo, a pesar de todo lo referido, los promotores de la energía nuclear han anunciado que comenzarán a construir reactores nucleares de pequeña escala. No obstante, esta medida hipotética únicamente conseguirá dotar de mayor probabilidad al riesgo de accidente, no sólo a causa del aumento en el número de centros operativos y unidades de transporte, sino también por la ausencia de la experiencia de funcionamiento necesaria para introducir nuevos sistemas de reactores. De este modo, el concepto de reactor «pebble bed» (lecho de guijarros) sudafricano, al que en ocasiones se presenta como solución para el hemisferio sur, se ha convertido en realidad en más prolífero y peligroso que otros modelos. Esta tecnología en concreto ha fracasado ya en los Estados Unidos y en Alemania. Otro ejemplo de la actitud irresponsable que subyace al desarrollo de «minirreactores» es el deseo manifestado inicialmente por los soviéticos y, más recientemente, por los rusos de ampliar el número de reactores instalados en barcazas y diseñados para suministrar energía a las regiones más remotas.

26- La energía nuclear no contribuye a resolver los problemas de la pobreza y la desigualdad. Sólo las naciones ricas y las clases privilegiadas en países de desarrollo avanzado son capaces de utilizar la energía atómica. Las sumas colosales que absorben los proyectos nucleares en todo el mundo, incluida la investigación sobre reactores de generación futura y la fusión nuclear, nunca redundarán en beneficio de la mitad más desfavorecida de la humanidad. En cualquier caso, el mensaje de Río es que la pobreza debe combatirse. Esta situación se torna tanto más injusta por el hecho de que los países más pobres serán los primeros en sufrir las consecuencias del cambio climático, cuando son las naciones desarrolladas las principales responsables de su acaecimiento. Al continuar asignando la mayoría de sus recursos a proyectos nucleares, los países desarrollados contravienen el espíritu del Convenio de Río, en el que se alude a «la financiación, los seguros y la transferencia de tecnología» que se requiere «para atender las necesidades e inquietudes de los países en desarrollo». En el acuerdo se alude específicamente a los países insulares pequeños, los países con zonas costeras bajas y los países con zonas áridas propensos a las catástrofes naturales y la desertificación… Precisamente son éstos los países que nunca utilizarán la energía nuclear.

27- La ausencia de democracia y la falta de una oposición efectiva sólo aumenta el riesgo. El argumento clásico utilizado por los defensores de la energía nuclear cuando se debate el incidente de Chernóbil es que esta tragedia se debió al sistema soviético y a la acción de persona de miras estrechas y mentirosas a los que les preocupaban poco los principios de seguridad promovidos por el partido. El mismo argumento de la irresponsabilidad burocrática, la ausencia de sindicatos y la falta de libertad de prensa es aplicable a la situación actual en China. La dictadura combinada con la ausencia del Estado de Derecho agravan los riesgos asociados a la energía nuclear en los únicos países que adquieren actualmente proyectos nucleares.

 

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David Hammerstein Eurodiputado de Los Verdes


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