Home ¡Visita aquí el portal actual y su nuevo contenido!
  Noticias

Estás en > Actualidad > Revista mayo
Enviar a un amigo
 ¿La energía nuclear puede salvar el clima?
Edición mayo 2007

La humanidad no podrá evitar el cambio climático optando por la vía nuclear. Sencillamente, esta tecnología no puede desarrollarse a la escala requerida y en el plazo limitado que resta para salvar nuestro clima. Los fondos dedicados a esta forma de energía sólo irán en detrimento de opciones más eficaces y adecuadas a las economías nacionales y a las necesidades de la población.
Imagen: El Mundo

Esta fuente de energía, construida sobre los cimientos de la mentira y las subvenciones, es justamente lo contrario al desarrollo sostenible. Residuos cuya existencia se prolongará durante millones de años, el riesgo constante que plantean los accidentes y la contaminación, las mentiras y la negación de la democracia... tales son los fundamentos de nuestros programas nucleares.

Suelen esgrimirse tres argumentos para defender la industria nuclear ante la crisis que amenaza actualmente nuestro planeta: 

  • El agotamiento de nuestros suministros de gas y petróleo;
  • Las necesidades de desarrollo del hemisferio meridional;
  • El cambio climático en sí. 

Producción de energía nuclear

Tales argumentos no se sostienen frente al análisis. En primer lugar, resulta sencillamente absurdo vincular la reducción de recursos petrolíferos con el desarrollo nuclear, puesto que el petróleo se consume sobre todo en el sector del transporte precisamente un área en la que la energía nuclear se utiliza muy poco. Por otra parte, las reservas de uranio también se agotarán en cierto momento en un futuro próximo y quizá incluso antes del fin de la vida operativa de los reactores previstos actualmente por la industria nuclear. El desarrollo a gran escala de sistemas de reactores capaces de resolver este problema sólo existe todavía sobre el papel, e incluso de conformidad con la propia planificación de dicha industria, estas nuevas instalaciones llegarán demasiado tarde para afectar al ritmo del cambio climático. Asimismo, estos nuevos reactores exigirán enormes cantidades de plutonio para reemplazar parte del uranio. Estamos muy lejos aún de las «tecnologías respetuosas con el medio ambiente» por las que se aboga en el Protocolo de Kyoto.

En lo que atañe a los llamados “países en desarrollo”, éstos no podrán emplear la energía nuclear en ninguna medida significativa, puesto que las tecnologías que requiere son demasiado costosas e inadecuadas para las condiciones locales y, en cualquier caso, su instalación exige un plazo excesivo. 

Por lo que se refiere al cambio climático, la energía nuclear, sencillamente, no constituye «la solución», ni siquiera «parte de la solución».

En el presente documento hemos elaborado cincuenta razones para convencer al público en general de que la energía nuclear no representa la solución al efecto invernadero. Estos argumentos se han elegido para alimentar el debate en Europa, en la que el papel de esta forma de energía se ha sobreestimado. 

Numerosos periodistas y políticos, así como ecologistas, han considerado con inquietud el modo en que se conduce el debate entre cambio climático y energía nuclear. Con los argumentos que se esgrimen en el presente documento se pretende retomar las razones fundamentales por las que los Verdes y la mayoría de los grupos ecologistas se oponen a la energía nuclear: esta forma de energía no salvará el planeta y, en realidad, constituye una amenaza para la paz y la seguridad y su contribución a los países más desfavorecidos será escasa o nula. Para sostener tales afirmaciones existen argumentos de mayor y menor complejidad, planteados desde una perspectiva europea, y también en nombre de los países del hemisferio meridional… no esperamos convencer a todo el mundo. Sin embargo, sí estamos seguros de que, en nuestros planteamientos, el lector hallará nuevas ideas, alguna perspectiva novedosa que le lleve a cuestionarse la visión predominante. 

El siglo que acaba de comenzar es testigo de un planeta amenazado por graves crisis, entre las que figuran el cambio climático, la , el agotamiento de nuestros recursos colectivos y la creciente amenaza de las escaseces de alimentos. ¿Qué sentido tiene añadir a todos estos factores la inmensa carga que representa la energía nuclear?

¿Puede la energía nuclear salvar nuestro clima? 

La energía nuclear no es capaz de resolver el problema del cambio climático. Aún cuando invirtiéramos todos nuestros recursos en ella, el limitado potencial y el elevado coste de la electricidad nuclear seguirían imponiendo restricciones al volumen de emisiones reducido. Otros recursos, las energías renovables y, sobre todo, las medidas de ahorro de energía constituyen en todos los casos inversiones de mucho menor riesgo a escala mundial y, lo que es más importante, proporcionan una respuesta más eficaz a la crisis que encara nuestro planeta.

1- La electricidad no es sinónimo de energía. La producción de electricidad constituye únicamente una pequeña proporción de la producción total de energía. En Europa, la electricidad sólo representa en torno al 6 % del consumo final de energía. El resto se utiliza en el transporte, la calefacción y para atender fines industriales, áreas que constituyen destinos esenciales del consumo de combustible. La energía nuclear sólo atiende una porción reducida de la demanda total de energía. El debate nuclear se limita a una única área concreta, la producción de electricidad, que constituye sólo el 6 % del problema energético.

2- La producción de electricidad basada en la energía nuclear sigue siendo limitada si se la compara con la capacidad de generación alimentada por carbón o por gas. Incluso la energía hidroeléctrica produce más electricidad en todo el mundo que el combustible nuclear. La energía de base nuclear representa en torno al 17 % del total de la producción mundial de electricidad. Si se pretende reducir las emisiones derivadas de otros combustibles de manera significativa con las tasas de crecimiento actuales, la industria nuclear tendría que construir más de un millar de nuevos reactores (funcionan 440 actualmente) antes de 2050, lo que, en realidad, sólo mantendría la producción en los niveles presentes. 

3 – La producción nuclear se reduce. Las nuevas centrales nucleares propuestas no serán suficientes para sustituir a los reactores actuales cuyo cierre ha sido programado para un futuro próximo. Las centrales nucleares actualmente en funcionamiento son ya bastante «maduras» (llevan operando más de 22 años). Incluso en el caso de que China construya treinta centrales nucleares en los próximos veinte años, esta medida sólo dará lugar a la sustitución del 10 % de los reactores que deben retirarse de servicio en todo el mundo durante dicho plazo. Así se ha establecido en las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que en todos los casos apuntan a una disminución absoluta o relativa de la producción nuclear. El reducido número de ventas de centrales previstas a China, los Estados Unidos y Europa afectarán en escasa medida a la escala del problema: si se pretende que las 440 centrales nucleares actualmente operativas en todo el mundo se mantengan a largo plazo, tendrían que registrarse diez ventas internacionales al año. Esa cifra se aparta en gran medida de las previsiones actuales.

4 – Las reservas de combustible nuclear son limitadas y no durarán siempre, puesto que el uranio radioactivo es un mineral fósil que sólo está disponible en cantidades limitadas. De hecho, los reactores comerciales funcionan con uranio enriquecido y generan un nivel de producción bajo. De acuerdo con los datos facilitados por la propia Comisión de la Energía Atómica (CEA), las reservas de uranio sólo podrán satisfacer la demanda mundial durante un plazo limitado, sobre todo si la tasa de consumo se incrementa. Las reservas mundiales actuales (basadas en el ratio de 80 dólares/kg) se estiman en 2 528 millones de toneladas. Por tanto, las reservas de uranio constituyen menos de la mitad de las reservas comprobadas de petróleo, e incluso también de gas. Esto representa «60 años de combustible en ausencia de un ulterior desarrollo de la capacidad nuclear», de acuerdo con el gigante francés de la energía EDF, e indudablemente menos si la construcción nuclear vuelve a recuperarse. Esta disponibilidad limitada de recursos de uranio es plenamente admitida por la industria, que la utiliza como argumento para desarrollar sistemas de reactores reproductores rápidos y otros tipos de nuevos reactores de 4ª generación. 

5 – El plazo límite es demasiado ajustado para la energía nuclear «del futuro» . Los reactores de nueva generación pendientes aún de desarrollar se presentan como más fiables y eficientes en lo que atañe al consumo de uranio. No obstante, en el Acuerdo de Río se insta a las naciones a evitar «la interferencia peligrosa con el sistema climático» y más en concreto, a estabilizar las concentraciones de gases causantes del efecto invernadero «en un plazo suficiente». En lo sucesivo, para limitar el riesgo implícito, será necesario reducir la subida de la temperatura a un máximo de 2ºC en comparación con el período preindustrial. En su tercer informe, el IPCC pone de relieve que, para atenuar el aumento de la temperatura media mundial a dicho nivel, será necesario lograr un recorte generalizado de las emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos decenios, de modo que se reduzcan las emisiones de los países en desarrollo a una cuarta parte de volumen actual. Es interesante señalar que este reducido plazo excluye toda contribución de los reactores nucleares de 4ª generación, así como de las centrales de fusión nuclear: incluso de acuerdo con lo declarado por sus promotores, estas instalaciones no entrarán en funcionamiento hasta después de 2050. Con un plazo de entrega de treinta años incluso en el supuesto más favorable, la tecnología nuclear del futuro, que absorbe más de dos tercios del gasto público en energía en Europa, se encontrará «excluido» como posible situación a la crisis climática. 

6- Sin consenso real a escala internacional. La energía nuclear sólo podrá desarrollarse plenamente si existe un consenso mundial respecto a la misma. Queda aún un largo camino por recorrer, puesto que, incluso en Europa, numerosos países rechazan por completo la electricidad generada por la energía nuclear o han emprendido la supresión progresiva del sector, en especial nuestros vecinos belgas, españoles y alemanes. Otras naciones, casi sin excepción, han declarado una moratoria de hecho o en la legislación respecto a los nuevos proyectos de construcción. Esta falta de consenso entre los distintos países queda ilustrada por el Protocolo de Kyoto, en el que se mencionan de manera específica las acciones de ahorro de energía y las energías renovables como las políticas y las medidas que deben fomentarse, mientras que no se alude en absoluto a la energía nuclear. 

7- El gasto de inversión en energía nuclear sigue siendo muy superior al requerido para otras soluciones. En especial con vistas al período crucial de los próximos veinte años, las acciones encaminadas al ahorro de energía resultan de cinco a diez veces menos caras que la producción de electricidad centralizada basada en la energía nuclear u otras fuentes. Además, el riesgo financiero asociado a la energía nuclear aumentará considerablemente el coste de los préstamos para esta forma de energía en los mercados del sector privado.

8- La humanidad puede elegir. Una lista de las opciones globales para resolver el problema del clima, como la elaborada por el Instituto Oeko de Darmstadt (Alemania), pone de relieve que el potencial último de la energía nuclear, mediante la triplicación de su producción a escala mundial, dará lugar a niveles de emisión de, al menos, 5 gigatoneladas de CO2, lo que equivale a un décimo de la capacidad disponible (véase la tabla en las notas al pie). Cuando se consideran las reducciones que serán necesarias para alcanzar el objetivo de limitar el cambio climático a menos de 2ºC respecto a los niveles preindustriales, en concreto, de 25 a 40 GT entre la fecha actual y 2050, puede observarse que la energía nuclear no será necesaria, ni siquiera, en los supuestos más ambiciosos. Por tanto, a la hora de resolver el problema a escala mundial, la energía nuclear constituye una mera opción, no una obligación.

9- No podemos asumir «todas las opciones». Algunas de las opciones no son compatibles entre sí, en especial, la descentralización de la producción y las medidas de ahorro energético moderadas, por un lado, y la energía nuclear, por el otro. De hecho, la energía nuclear es mucho más cara que el desarrollo optimizado de la tecnología de cogeneración y los recursos descentralizados, e incompatible con éstos. Por otra parte, la experiencia pasada ha demostrado que el desarrollo de la energía nuclear siempre se acompaña de una disminución en las prácticas de ahorro de energía. De acuerdo con el físico nuclear Amory Lovins, autor del famoso «Factor cuatro», el lema carece de fundamento analítico y es falso; de hecho, no podemos permitirnos todas las opciones. En la práctica real, permitir la supervivencia de la energía nuclear conlleva el alejamiento de la inversión pública y privada de opciones más baratas, y el encaminamiento de la misma a alternativas destinadas a fracasar en el mercado que, además, presentan el mayor número de inconvenientes. 

10- La sensibilidad nuclear respecto al cambio climático plantea problemas vinculados a la modificación de las tasas de flujo de los cursos de agua y las inundaciones. Durante la ola de calor de 2003 en Francia, la normativa que rige la descarga de agua caliente a los ríos procedente de centrales nucleares tuvo que pasarse por alto con carácter de urgencia. Hubo que establecer incluso un sistema de rociado de agua improvisado con el fin de atenuar el sobrecalentamiento del techo de un reactor nuclear. Es probable que tales incidentes devengan cada vez más comunes en el futuro. Tal argumento, que se plantea aquí respecto a la energía nuclear, podría aplicarse igualmente a otras fuentes de energía centralizadas. Las estrategias basadas en políticas de ahorro energético contribuirán, por su parte, a la creación de un futuro mejor adaptado al proceso de cambio climático.

11- Las emisiones de las centrales nucleares no son insignificantes. Así ocurre especialmente cuando se considera el proceso completo, desde la construcción hasta la fase nuclear propiamente dicha. Durante su ciclo vital, una central nuclear emite en torno al 20 % de las emisiones producidas por instalaciones alimentadas por gas de última generación, lo que es relativamente poco. No obstante, cabe subrayar asimismo que el suministro de las centrales nucleares, cuyo régimen operativo es especialmente rígido, a la red eléctrica ha de ser respaldado por centrales térmicas durante los períodos de carga máxima, lo que conlleva la utilización de centrales eléctricas con alimentación de carbón que emiten cantidades considerables de gases de efecto invernadero.

12. Las energías renovables dejan atrás a la energía nuclear. De hecho, el crecimiento en este sector es muy superior al del petróleo o la energía nuclear. En el transcurso de los diez últimos años, la tasa de crecimiento de las energías basadas en fuentes renovables en todo el mundo ha superado con mucho el incremento en el uso de la energía nuclear.

Tasas de crecimiento comparativas a escala mundial de distintas formas de energía (tasa media anual)
Crecimiento de la capacidad de generación eólica, 2000-2004 +28 %
Crecimiento de la energía fotovoltaica +32 %
Crecimiento de los biocombustibles +18 %
Crecimiento de la producción de petróleo +1,6 %
Crecimiento de la capacidad nuclear, 1990-2004 0 %

La producción nuclear mundial se ha estancado en unos 2 500 TWh desde 1999. La tasa media de crecimiento registrada en los períodos precedentes cayó drásticamente de en torno al 20 % a principios del decenio de 1980, a menos del 7 % a finales del mismo y posteriormente se registraron niveles de crecimiento del 3 y el 1,6 % respectivamente en 1990-1995 y 1995-2000.

13- Incluso las formas renovables y descentralizadas de energía aventajan a la producción nuclear. De acuerdo con Amory Lovins, la electricidad generada con recursos descentralizados y renovables (aparte de los grandes proyectos hidroeléctricos), superó a la producción nuclear en 2003 en cuanto a expansión energética y, en 2005, a producción total. Por tanto, la capacidad nuclear está destinada al declive, incluso cuando se la compara con las alternativas «novedosas que sean ecológicamente racionales». En el caso concreto de China, a la que se cita frecuentemente como probable elemento central de la expansión nuclear, incluso la energía solar comienza a alcanzar a la energía nuclear. En China, sólo los calentadores de agua alimentados con energía solar sustituyen ya al equivalente a la mitad de la capacidad de generación de energía nuclear del país y en 2020 esta tecnología generará la misma producción que los 30 reactores actualmente propuestos por la industria nuclear china. 

14- Hay muchas más oportunidades de empleo a crear en los sectores dedicados al ahorro de energía y las energías renovables que en la industria nuclear. El cambio climático nos obliga ya a reconsiderar nuestros hábitos de consumo y nuestro planteamiento respecto al ahorro energético, lo que significa que hemos de adoptar medidas que inflijan el menor daño posible y creen tantos nuevos puestos de trabajo como resulte viable. En Francia, por ejemplo, de acuerdo con el Sindicato de Energías Renovables, la cifra total de puestos de trabajo que genera este sector podría pasar de 38 900 en 2004, a 115 000 en 2010, que es el doble del número total de empleados de la industria nuclear francesa. Este potencial para la creación de empleo, que resulta indudablemente elevado para una cantidad de energía determinada, puede explicarse fundamentalmente por la naturaleza intensiva en el uso de mano de obra de algunas de las medidas emprendidas en este sector, como la instalación de aislamiento en viviendas, pero también por el hecho de que los desembolsos de instalaciones de producción centralizadas (refinerías, centrales nucleares) se concentran mucho más en los rendimientos del capital invertido que en los sueldos a los empleados.

 

Página 1 de 3
Volver al menú de la revista


David Hammerstein Eurodiputado de Los Verdes

D:\Inetpub\vhosts\ambientum.com\httpdocs\revista\2007\mayo\nuclear.asp
C:\Inetpub\vhosts\ambientum.com\httpdocs\
0
http://www.ambientum.com//revista/2007/mayo/nuclear.asp?id=

Los comentarios de los lectores

Escribe tu comentario

Nombre

Comentario

Correo-e

(no se mostrará en el comentario)

Ésta es la opinión de los internautas, no la de ambientum.com.

  • No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • Nos se permite la inclusión de enlaces a otras páginas.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Avísanos de los comentarios fuera de tono.
 

Noticias de última hora
Especial S.O.S. Costas Españolas
Suscríbete

Ambientum 2009 | Aviso Legal | Política de privacidad | Contacto | Publicidad |
  Atención telefónica: 91 630 80 73