Home ambientum.com  
Informacion Medio Ambiente Empleo Medio Ambiente Empresas Medio Ambiente Formación online Medio Ambiente Legislación Medio Ambiente ambientum.com
  Noticias
Estás en > Actualidad > Revista > Especial
Hemeroteca | Artículos anteriores| Suscríbete aquí| Volver al menú Enviar a un amigo
Especial incendios
  Un país quemado Incendios forestales: suceso o delito
Edición Especial junio 2007  

Pirómanos, quemadores de rastrojos, cazadores y distraídos son los responsables de más del 59% de los incendios que se producen en nuestro país. De sus manos han salido las llamas que han iniciado algunos de los fuegos más devastadores. Sin duda, la peor pesadilla para los que se afanan año tras año en luchar contra este mal. Entremedio, la incapacidad de las brigadas y los técnicos de montes ante un problema que nos ha desbordado hace ya mucho tiempo.


A estas alturas del drama, queda claro que algo sucede en nuestro país con los incendios que se nos escapa. Seguramente no se trate de ninguna comunidad secreta interesada en quemar bosques por puro divertimento, o de competiciones ilegales al estilo de las carreras de velocidad clandestinas. El problema, en todo caso, pasa por la confluencia de una serie de factores que agravan, hasta alcanzar dimensiones alarmantes, los efectos devastadores de los fuegos. Sólo un dato, ya se han producido más de 200 incendios en el primer mes de 2007 de más de una hectárea. El 68'8% de ellos, en la zona noroeste, según ha publicado recientemente el Área de Defensa Contra Incendios Forestales del Ministerio de Medio Ambiente.

“Es muy importante que este trabajo sea continuo, que se desarrolle de manera sistemática durante todo el año. Actualmente son trabajos temporales que se llevan a cabo en verano, como mucho cuatro meses, lo que hace que no haya profesionalidad. La gente prefiere trabajos fijos. La mayoría de los técnicos cuando encuentran algo más seguro lo dejan”. Javier Criado, autor de esta declaración, es Ingeniero Técnico Forestal y ha trabajado como técnico de brigada helitransportadora. En su caso, se encarga de realizar tareas de extinción desde helicópteros.

Para Javier, la falta de profesionalización es uno de los principales causantes de la mala prevención de los sistemas de emergencia en nuestro país, además de otros factores. “Los montes se deberían limpiar en invierno de restos orgánicos o malas hierbas. Estos deshechos son un combustible letal cuando se inicia un fuego. Por otra parte, habría que realizar un mayor esfuerzo con los cortafuegos y campañas de concienciación dirigidas al ciudadano. Además, en algunas zonas hay que intentar desterrar de la mentalidad de los lugareños la “cultura del fuego”. Según Javier, el problema pasa también por la poca predisposición de los gobiernos competentes que no ceden todo el presupuesto necesario para contar con un sistema de prevención y extinción de incendios eficaz: “Para los políticos es más rentable gastarse una millonada en verano que pagar a la gente durante el invierno haciendo limpiezas, cortafuegos o campañas de concienciación”.

Parece que esta opinión es compartida por más de un experto sobre la materia. Es verdad que la prevención es cara, pero también es cierto que el valor medioambiental de nuestros montes difícilmente puede ser tasado. En este sentido, Juan Manuel Fernández, Ingeniero Técnico Agrícola y peón especialista en brigada helitransportada considera que “el campo se abandona porque cada vez más la gente quiere vivir en las ciudades. Como consecuencia de este abandono hay mucho combustible, con lo que se gasta mucho dinero en la extinción”. En su opinión todo pasa por la rentabilidad económica, algo incomprensible tratándose de un tema como este: “Habría que limpiar el monte como medida preventiva. El problema es que es posible que este tipo de acciones cueste más dinero que la mera extinción”.

Sea como sea, queda claro que la falta de profesionalidad y continuidad en las tareas de prevención, así como la poca predisposición presupuestaria de las administraciones competentes dan lugar, irremediablemente, al abandono del monte. Y el abandono del monte, por ende, a que las peores sombras que se puedan imaginar lo acaben manejando.

Las sombras de los incendios

En 2004 España padeció el peor incendio de su historia. En tan sólo nueve días ardieron más de 25.000 hectáreas de superficie arbolada y casi 30.000 hectáreas de superficie forestal en las provincias de Huelva y Sevilla. El suceso tuvo lugar entre el 27 de julio y el 4 de agosto. El fuego se inició en el término municipal de Minas de Río Tinto. Fue intencionado.

Esta catástrofe forma parte del alarmante porcentaje de incendios provocados que tienen lugar en nuestro país. Según el Ministerio de Medio Ambiente, la cifra llega al 80% en la mayoría de los fuegos que tuvieron lugar en Galicia, Asturias, las Islas Baleares y la costa de Cataluña entre 1991 y 2004.

Los motivos que según la Institución mueven a los delincuentes son varios. Destaca la quema agrícola y la quema de rastrojos, seguidas de cerca por los pirómanos, las cuestiones relacionadas con la caza, las venganzas y el vandalismo. Otras causas frecuentes que mueven a provocar un incendio son la modificación del uso del suelo, las disputas de titularidad, bajar el precio de la madera y el daño a los animales. Todo un ramillete de motivaciones que desbordan a los expertos que no saben cómo atajar de una vez por todas las distintas caras de un mismo delito.

“A los pirómanos como mucho habría que meterlos en los psiquiátricos, en caso de poder demostrar su autoría. El problema es que la gente se calla, porque en los pueblos se sabe quien incendia el monte. Hay muchos intereses monetarios, o envidias entre vecinos. También lo hacen por cuestiones relacionadas con la caza, queman el monte de al lado pensando que así todos los animales irán al suyo buscando refugio y así poderlos cazar. Por otra parte, hay empresas interesadas en quemar el monte para sacar la madera mucho más barata”, comenta Cristina Estébanez, Ingeniero Técnico Forestal que ha trabajado como técnico de base en la extinción de incendios durante tres años.

En este sentido, Javier, que estuvo trabajando en Eural, una empresa dedicada a la investigación de causas de iniciación de los incendios en Castilla y León, Castilla la Mancha y Extremadura apunta la dificultad que entraña encarcelar a alguien acusado de provocar un incendio: “Es muy difícil, los pirómanos no se pueden meter en la cárcel, aunque se sepa que ha iniciado el fuego”. Además, Javier señala que “si el nivel penal fuese mayor no se potenciaría que la gente quemase”. Según él, para que esto ocurra, lo principal es “aplicar multas fuertes”.

Por lo tanto, la legislación, no muy eficaz visto lo visto en los últimos años, se convierte en otra de las sombras que propician que en España haya habido una media anual de 19.499 incendios entre 1991 y 2004, sólo superada por Portugal, con 24.655, y bastante superior a la de otros países como la vecina Francia, 2.616 incendios por año o Grecia, 3.743.

El problema también pasa por la rentabilidad de los incendios. Eso que los técnicos consultados denominan como “cultura del fuego” que, en según qué lugares, se emplea para dirigir los animales hacia una parte del monte, mejorar las condiciones del suelo o modificar el uso que a éste se le dé, entre otras razones. Todas ellas, claro está, sin tener en cuenta el efecto medio ambiental que a medio y largo plazo pueden tener. Ésta es, precisamente, la opinión de Juan Manuel, “los incendios provocados se repiten cada verano, lo cuál demuestra que las multas a pagar son menores que el dinero que se saca o de lo que consiguen determinados sectores incendiando el monte”.

Quemar para vivir

A todo lo visto hay que añadir el valor y sentido que tiene el fuego según la zona donde tenga lugar. A estas alturas, ha quedado claro que el factor económico constituye uno de los principales detonantes de la alarmante cifra de incendios que se producen en nuestro país. Algo que complica la situación, ya que es difícil, muy difícil, concienciar a la persona que necesita que arda el monte para mantener su forma de vida.

Para Juan Manuel, estamos ante un problema que trasciende de lo legal. Se trata del mantenimiento de una forma de vivir arraigada en el transcurso del tiempo de la que, en determinados lugares, no se puede salir a menos que se presenten alternativas viables. No se incurre en delito porque los lugareños no ven infracción en algo que entienden es fundamental para mantener su modus vivendi . “No se puede hacer una valoración global, porque va por zonas. En Soria, por ejemplo, viven del monte y como allí da dinero no se quema nada. Si arde algún bosque toda la gente sale a apagarlo y en el pueblo no queda nadie, cuando llegan los bomberos a veces ya está extinguido. Sin embargo, en el norte de León, Zamora y Galicia impera “la cultura de fuego” y los montes arden sin miramiento”.

Precisamente es eso que Juan Manuel llama “la cultura del fuego” lo que más perjudica a los montes de algunas comunidades autónomas. En Galicia, el pasado año cientos de incendios provocados ocasionaron la devastación de algunas comarcas. La gran mayoría de ellos fueron provocados. “Algunos lugareños piensan que por quemar el monte saldrá mejor pasto para el ganado, que es lo que a ellos les da dinero. Nada más lejos de la realidad. Al principio puede ser, pero no a largo plazo. Pasado un tiempo, el suelo se agota, pero no hay manera de concienciar a la gente de esta realidad”, apunta Cristina.

La legislación actual también ofrece algunos claroscuros que no ayudan demasiado a la prevención, único bálsamo para la peor fiebre de nuestros montes. Las últimas campañas preventivas ya anunciaban el mayor esfuerzo de la Administración por “cazar” al delincuente y hacerle pagar íntegras sus penas. Pese a esto, son escandalosos los casos en los que auténticas salvajadas medioambientales quedan sin tener a su responsable entre rejas. “Las leyes actuales son muy blandas. Para empezar, es difícil demostrar que una persona prende fuego y si se demuestra, no está considerado como un delito grave. Si el nivel penal fuese mayor no se potenciaría que la gente quemase, se deberían aplicar multas fuertes”, opina Javier. Cristina no difiere demasiado de la opinión del técnico de brigada: “Como medidas efectivas se me ocurre la concienciación para la gente, multas y cárcel, que se considere quemar un monte como delito penal. Bajo mi punto de vista, las leyes son demasiado permisivas. Además, existen problemas con los agentes forestales que hacen la vista gorda en algunas infracciones. Aunque no se puede generalizar porque los hay que realizan muy bien su trabajo”.

Todos estos problemas nos sirven para plantearnos más de una duda. Podemos ser benévolos y pensar que la situación actual en los sistemas de prevención y extinción de incendios, así como la posterior investigación sobre ellos, es defectuosa dado el alto número que se produce cada año, sobre todo en los meses estivales. Siguiendo esta premisa, nuestros gobiernos, tanto el central como los regionales, estarían saturados de trabajo y no darían abasto para sofocar tanto conato de fuego, intencionado o no. De hecho, existen claros casos de mala gestión y dejadez en un tema tan delicado como este. “Este trabajo está muy mal pagado, a pesar de que entraña un gran riesgo, de hecho, todos los años muere alguien en los incendios. Un peón cobra 900 euros y un técnico 1400. La Junta (de Castilla y León) echa la culpa a las empresas y las empresas a la Junta , el caso es no gastar un duro”, denuncia Javier.

Por otra parte, si somos un tanto suspicaces y atendemos a las declaraciones de los tres expertos, llegamos a una conclusión un tanto distinta a la anterior que, si bien puede pecar de prematura, también es verdad que no le falta su punto de razón, teniendo en cuenta la estrecha relación entre incendios y economía u otras actividades que, directa o indirectamente, sacan tajada de ellos. En este caso, hablaríamos de silencios, ojos que no quieren ver y otra serie de factores que no hacen sino ayudar a que el país arda y que los causantes queden impunes.

Mientras tanto, el bosque arderá de nuevo esta temporada. Será porque en Galicia haga falta regenerar el pasto, o porque en la costa catalana y valenciana aún quede algo que recalificar o, quizás, porque alguien considere que cobrar un seguro bien merece 5.000 hectáreas carbonizadas. Las sombras seguirán haciendo de las suyas, destrozando el trabajo de gente como Cristina, Javier o Juan Manuel que se preparan a diario durante todo el año para prevenir en la medida de lo posible la barbarie de los incendios. Gente que ya se cansa de las negativas, los silencios y los miedos. Trabajadores hartos de un país tan quemado.

 

Juan José Polo

Finalista Certamen
de Joven Periodismo Ambiental