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El
olmo es un árbol majestuoso de hoja caduca, tronco recto y grueso,
copa ceñida y regular que alcanza una altura superior en muchos
casos a los 30 m. Crece en solitario o en grupos, olmedos, por toda la
península ibérica. Poseen hojas asimétricas, con
lóbulo patente y redondeado, de textura áspera y borde dentado
o doblemente dentado, según especies. Las flores aparecen en primavera
o al final del invierno, carentes de pétalos o piezas coloreadas,
ya que se polinizan a través del viento. El fruto final, denominado
sámara, es de pequeño tamaño, similar a una nuez
rodeada por un ala membranosa que le sirve para ser dispersado por el
viento.
Existen varias especies de olmo que se ciñen a las características
generales señaladas, pero con diferencias claras entre las mismas,
siendo los más habituales el olmo americano (ulmus americana),
procedente de Estados Unidos y adaptado a bajas temperaturas, olmo común
(ulmus carpinifolia, ulmus campestris, ulmus minor), olmo de montaña
(ulmus glabra), ambos de origen europeo, olmo chino (ulmus parvifolia),
originario de extremo oriente, olmo inglés (ulmus procera), procedente
del Reino Unido y olmo siberiano (ulmus Pumila), originario del Norte
y Este de Eurasia.
En general, los olmos precisan un terreno profundo, en zonas soleadas
o con escasa sombra y con niveles altos de humedad.
A
pesar de ser un árbol característico de toda Europa, desde
hace unos años sufre un azote, la grafiosis, que ha acabado con
la vida de millones de individuos en toda Europa. En el caso concreto
de España y, según la Directora General de Conservación
de la Naturaleza, Inés González, “prácticamente
ya no quedan olmedos sino individuos aislados, de los que tampoco se conoce
con seguridad su número. El último olmedo censado que queda
en España está en la localidad madrileña de Rivas
Vaciamadrid, cuya conservación es uno de los objetivos del Proyecto
Europeo para combatir la grafiosis”.
Esta enfermedad, la grafiosis, parece ser que es introducida en Europa
desde Asia, donde los olmos son más resistentes a la misma, durante
la primera guerra mundial. En el año 1921 se produce la muerte
de gran cantidad de olmos en Holanda y en 1921 se descubre el hongo asociado
con la enfermedad. Desde entonces se ha propagado por toda Europa y, de
forma similar, por Norteamérica debido a la sensibilidad de las
especies de olmos a esta plaga.
En la península ibérica se produce el primer gran brote
a principios de los años 80, reduciendo drásticamente la
población de olmos. Con el objetivo de proteger la especie, desde
el Ministerio de Medio Ambiente, al igual que el resto de países
europeos, se fomentan planes de recuperación del olmo y, en 1997,
junto con otros siete países, se inició el Proyecto Europeo
para caracterizar y conservar los recursos genéticos de los olmos
en Europa.
Los individuos afectados presentan a simple vista un aspecto raído,
amarillento, con algunas ramas puntisecas y otras con hojas pardas y abarquilladas.
En el interior de las ramas aparecen unas líneas o manchas de color
pardo-negruzco correspondientes a los vasos conductores afectados y obstruidos
por el hongo y, sobre el tronco y la corteza, en la cara de contacto entre
ambos, se observan una especie de grabados realizados por el insecto transmisor
de la enfermedad.
Este insecto es un pequeño coleóptero, de tan sólo
4-6 mm, denominado vulgarmente barrenillo del olmo (scolytus scolytus,
scolytus kirchi y scolytus multistriatus), que se instala sobre las yemas
más tiernas, las roe y daña irreversiblemente. Los huevos
los deposita la hembra en galerías excavadas entre el leño
y la corteza (grabados) y, posteriormente las larvas recién nacidas
roen el leño en galerías perpendiculares a la materna, transformándose
en pupas y saliendo al exterior, ya en forma adulta, por un orificio.
El verdadero agente infeccioso es un hongo (ceratocystis ulmi.), semiparásito,
que segrega unas esporas tóxicas causantes de la enfermedad. Se
desarrolla en los vasos conductores de la savia, ayudándose de
su circulación para difundirse por todo el árbol. Se producen
dos efectos principales; obstrucción de los vasos conductores y
envenenamiento de las hojas, debido a lo cual, el árbol acaba muriendo.
Cuando
se detecta un individuo o bosque con esta plaga se aplican una serie de
medidas que ya se han probado en diversos países constatando su
grado de eficacia. La primera es la tala y quema de los árboles
afectados cuando se consideren irrecuperables, seguido del saneamiento
de los árboles que muestran algunas ramas afectadas, mediante el
corte y destrucción de las mismas, colocación de trampas
a base de feromonas artificiales que atraen a los barrenillos, tratamiento
con insecticidas para matar el insecto propagador de la infección,
liberación de insectos depredadores de las larvas de barrenillo
del olmo, aislamiento por zanjas de las raíces de individuos afectados
y sanos, inyección de fungicidas, vacunación preventiva
para estimular las defensas naturales de los olmos, manipulación
genética para la creación de especies resistentes al virus,
etc.
Con la aplicación de todas o alguna
de estas técnicas, se ha logrado controlar con mayor o menor éxito
la expansión de esta plaga, sobre todo en los Países Bajos,
donde se han visto afectados la práctica totalidad de la población
de olmos.
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