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hace unos años y, dentro del Plan Nacional de Residuos y otros
Planes especiales de tratamiento y eliminación de residuos sólidos
enmarcados dentro de la legislación española y europea vigente,
se están valorizando algunos tipos de residuos sólidos y
líquidos en algunas de las industrias cementeras existentes por
todo el país. Esta actividad, que para las industrias cementeras
y los productores y gestores de residuos puede ser beneficiosa al eliminar
ciertos residuos y sustituir combustibles tradicionales, para los grupos
ecologistas y determinados sectores de la sociedad es una agresión
contra el medio ambiente.
La producción de cemento precisa grandes cantidades de energía;
aproximadamente una tonelada de cemento necesita 900.000 kilocalorías,
cantidad equivalente a la energía térmica liberada por 100
Kg de carbón. Por este motivo, desde los años 70 la industria
cementera busca nuevas fuentes energéticas, hallando en ciertos
residuos, combustibles alternativos de gran poder calorífico sin
incrementar los valores de sus emisiones, tal y como se ha demostrado
en EE.UU., Suiza, Canadá, Alemania, Francia, Suecia, Japón,
Bélgica, etc. Hoy en día son más de 200 cementeras
situadas en países desarrollados las que utilizan combustibles
alternativos, siendo tres los motivos principales que determinan a estas
industrias como idóneas para el tratamiento de residuos; garantía
de la completa destrucción de los residuos, ahorro de combustibles
tradicionales y contribución a la gestión de residuos.
La completa destrucción de los residuos se garantiza por las elevadas
temperaturas y tiempos de retención en el interior del horno; los
gases permanecen durante más de 3 segundos a una temperatura superior
a los 1.200 ºC, destruyéndose hasta los compuestos orgánicos
más estables, no se producen escorias ni cenizas, ya que se incorporan
al clínker y, por último, el ambiente alcalino en el interior
del horno garantiza la neutralización de los compuestos ácidos
tales como ácido clohídrico, fluorhídrico y compuestos
de azufre (SO2 y SO3).
Por otro lado, se contribuye a un significativo ahorro de combustibles
fósiles tradicionales como fueloil, coque de petróleo y
carbón, evitando además la correspondiente emisión
de dióxido de carbono a la atmósfera.
En cuanto a la contribución a la gestión de residuos, estas
prácticas se enmarcan dentro de las directrices europeas basadas
en minimizar, reutilizar, reciclar, valorizar energéticamente y
depositar en vertedero. Tanto la legislación europea como la española
contempla el fomento de “la valorización de residuos con
el fin de reducir la cantidad de éstos destinada a la eliminación
en vertedero y economizar recursos naturales”.
Como en cualquier otro tipo de industria en la que se den procesos de
combustión, es muy importante que todas las instalaciones cementeras
que empleen combustibles alternativos dispongan de planes medioambientales
mediante los cuales se controle continuamente la generación de
residuos, aguas residuales, ruidos y emisiones a la atmósfera.
En los gases de emisión, es preciso evaluar caudal, temperatura,
eficacia de destrucción y eliminación de los principales
constituyentes orgánicos, emisión de productos de combustión
incompleta (PCI), metales pesados, partículas, óxidos de
carbono, nitrógeno y azufre, gases ácidos, humedad, sílice,
etc. Sobre las aguas, tanto superficiales como subterráneas es
preciso determinar Ph, alcalinidad, sulfatos, cloruros, conductividad,
nitritos, nitratos, DQO, DBO y metales pesados y, por último, sobre
el propio clinker se analizará el contenido en metales pesados.
Complementariamente y, según la normativa vigente, al objeto de
conseguir las mayores garantías de seguridad y eficacia en la combustión
de residuos, debe existir un plan de vigilancia y control del proceso
donde destaquen los siguientes puntos específicos al empleo de
combustibles alternativos; “establecimiento de las características
especificas de los residuos a valorizar limitando el contenido de sustancias
potencialmente contaminantes en los mismos, control riguroso de los residuos
previo a su aceptación en las instalaciones autorizadas, cumplimentación
de la documentación relacionada con la cesión de residuos,
control de los residuos durante las fases de almacenamiento, alimentación
al horno y combustión, etc.
”De todos los años que se ha experimentado con combustibles
alternativos, se ha desprendido una larga lista de residuos que admiten
ser tratados en estas instalaciones. En la tabla adjunta se muestran los
más empleados en distintos países del mundo, entre los que
destacan aceites usados, neumáticos, residuos de las industrias
petroquímicas, petroleras, químicas etc. Todos estos residuos
deben cubrir siempre las especificaciones técnicas exigidas por
los productores de cemento, las cuales coinciden siempre en que el residuo
esté constituido por compuestos orgánicos con bajo contenido
de halógenos y metales pesados.
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En cualquier caso,
los residuos deben ser acondicionados para considerarse combustible. En
el caso de los neumáticos será preciso su trituración
y, para los residuos líquidos o semisólidos existen plantas,
como la recientemente inaugurada por el grupo cementero Holcim en Albox
(Almería), que parten de residuos líquidos industriales y,
tras un tratamiento con serrín vegetal, los convierten en un combustible
sólido de aspecto granulado con un poder calorífico similar
al del carbón. Este tipo de plantas se encuentra bastante expandida
en EEUU, México y Centroeuropa.
En España, los residuos que más se han empleado como combustible
son los aceites usados de automoción e industria y los neumáticos
usados. En este segundo caso, destaca por ejemplo el País Vasco,
donde a lo largo del año pasado se destinaron 12.417 Tm de neumáticos
triturados (el 75% del total) a combustible de cementeras.
En contra del empleo de residuos como combustible alternativo en cementeras,
se encuentran los grupos ecologistas y ciertos sectores sociales que aducen
una serie de problemas ambientales y de salud pública derivados de
esta actividad, entre los que destaca el incremento de la cantidad y tipo
de contaminantes emitidos a la atmósfera, principalmente monóxido
de carbono, monóxido de nitrógeno, dióxido de azufre
y partículas finas, metales pesados, productos de combustión
incompleta (PCI), incluyendo las dioxinas y furanos. Además, según
estos grupos ecologistas, cabe la posibilidad de la aparición del
riesgo de existir metales pesados en el clinker , aumentan los riesgos laborales
para los trabajadores de las cementeras, se incrementa el riesgo de accidentes
durante el traslado de residuos peligrosos a la planta y, en cualquier caso,
sostienen que esta actividad, más que destinada a la gestión
de residuos, es una ampliación del negocio de las cementeras.
En cualquier caso, el empleo de residuos como combustible alternativo continúa
en todo el mundo su tendencia alzista, lo cual no debe impedir que los controles
medioambientales sobre los procesos garanticen el mínimo impacto
medioambiental del mismo en todos los aspectos; emisiones a la atmósfera,
generación de polvo, contaminación de suelos y aguas y, por
supuesto, sobre la salud pública. |