Los disolventes orgánicos son compuestos volátiles que se utilizan solos o en combinación de otros agentes para disolver materias primas, productos o materiales residuales. Una vez que los disolventes han sido empleados y, tal y como se cita en la ley 10/98, además de sus envases vacíos, trapos o cualquier otro material que se haya utilizado para su aplicación, son considerados residuos peligrosos, por lo que deben ser gestionados por un gestor autorizado.
El sector industrial que emplea este tipo de productos es muy amplio. Cabe destacar la fabricación de automóviles, fibras artificiales, pinturas, barnices y similares, papel, tintas, vidrio, poliuretanos y piel artificial, electrodomésticos y aparellaje eléctrico, laminados metálicos, lubricantes y aditivos, resinas y pigmentos, a lo que se debe añadir el sector del transporte y distribución de disolventes, la industria farmacéutica y laboratorios, procesos de impresión y artes gráficas, talleres de reparación de vehículos, industria química en general, centros de gestión de residuos municipales como puntos limpios o similares, etc.
En todos estos sectores, este tipo de disolventes se emplea mayoritariamente como agente limpiador y desengrasante de piezas y maquinaria, a lo que hay que sumar sus aplicaciones como agente tensoactivo, plastificante, conservante, portador de otras sustancias, pegamento, lubricante, etc.
El empleo de estas sustancias es en muchos casos completamente necesaria, pero la dificultad del manejo de los disolventes, los riesgos potenciales sobre la salud de los trabajadores y sobre el medio ambiente, así como la obligatoriedad del almacenamiento y procesado de los residuos generados, aconseja en muchos casos el estudio de alternativas, como por ejemplo, la sustitución de materias primas, procesos o productos. En concreto, en el caso del empleo en limpieza de materiales, los disolventes orgánicos serían viables únicamente si no es posible la aplicación de agua o aire, agentes de base vegetal, elementos abrasivos con agua o aire, disoluciones acuosas de detergentes, disoluciones alcalinas y ácidos.
Además, otra medida preventiva que se aplica en la industria es la optimización de la aplicación del disolvente incorporando mejoras en los hábitos y en la organización del trabajo, como por ejemplo el empleo de los disolventes orgánicos menos peligrosos, maximizar la eficacia de su empleo, normalizar el uso de los disolventes, controlar las pérdidas por evaporación, mantener los residuos de disolventes lo menos contaminados posible para facilitar su reciclaje, evitar acumulación de sedimentos en los tanques de disolventes, etc. En cualquier caso, al final se obtendrá un residuo de disolvente que será preciso manipular y tratar adecuadamente. En este sentido, al igual que el resto de residuos peligrosos, la legislación vigente mantiene la figura del productor de residuos para aquel que genere ciertas cantidades de residuos en sus procesos y, la del gestor, para aquel que recoge, transporta y/o procesa o elimina el residuo.
Sobre el medio ambiente, el efecto se deriva principalmente de los compuestos orgánicos volátiles COV, liberados a la atmósfera que dañan la capa de ozono, contribuyen a la formación de ozono ambiental, etc. Por otro lado, sobre la salud humana influyen directamente al ser absorbidos a través de la piel y por inhalación, causando efectos a corto y largo plazo, como por ejemplo aborto espontáneo, malformaciones congénitas, lesiones cerebrales, reduce la capacidad reproductiva del hombre, cáncer infantil, lesiones neurológicas, etc. Además, al ser inflamables y explosivos, conllevan un riesgo inherente por combustión y/o desprendimiento de compuestos altamente tóxicos al alcanzar altas temperaturas.
Una vez recogidos y conducidos a una instalación de tratamiento adecuada, lo habitual es que sean sometidos a tratamientos basados en su recuperación por destilación, especialmente los disolventes procedentes de limpiezas y, recuperación por rectificación o destilación fraccionada, para disolventes residuales de procesos químicos en general. En estos procesos de destilación se consiguen finalmente dos fracciones; la principal es la del disolvente regenerado, preparado para ser empleado de nuevo ya que cumple los requisitos exigidos a estos productos y, por otro lado, una fracción residual compuesta por los residuos y elementos extraños contenidos en el disolvente usado y una parte mínima de este.
Este tipo de instalaciones, convenientemente autorizadas por el órgano competente de cada Comunidad Autónoma, se encuentran repartidas por la práctica totalidad de las provincias, abarcando los focos más importantes de generación de residuos. Por ejemplo, cabe citar en Cataluña, entre otras, las empresas Derpin S.A. y Valls Química S.A., ubicadas respectivamente en Montornés del Vallés en Barcelona, y Valls en Tarragona.
De este modo, el reciclado de disolventes se convierte en una solución viable y rentable a la generación de este tipo de residuos. El ahorro de costes se refleja en un doble sentido; por un lado, la cantidad de residuos a eliminar de forma controlada o por destrucción se reduce enormemente y, por otro, cabe la posibilidad por parte del productor de optar por emplear disolvente reciclado y reducir al mínimo la adquisición de nuevos productos en el mercado.
Sí a todo esto sumamos que para fabricar 1 Tm. de disolventes es preciso un gasto energético equivalente a 1 ó 2 Tep, mientras que en el caso d el reciclaje sólo se requiere entre 0,1 y 0,2 Tep, resulta que el reciclado de disolventes se convierte en una solución integral al problema del disolvente orgànico residual.
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