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Edición mayo 2003 - La Primera revista on-line de medio ambiente
Situación actual de la incineración de RSU
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Los procesos de incineración de residuos sólidos urbanos, aunque técnicamente válidos, tanto para su eliminación como para su valorización energética, obtienen un importante rechazo social, motivado principalmente por la contaminación ambiental provocada por sustancias como dioxinas, furanos y diferentes metales pesados que pueden ser emitidos por estas instalaciones. En respuesta a esta contaminación, la normativa vigente, cada vez más estricta, limita las emisiones de las incineradoras, de tal forma que las tecnologías existentes se han desarrollado para mejorar los sistemas de combustión y de depuración de gases. A pesar de esto, los sistemas de filtrado y los controles de emisiones, no consiguen el nivel cero de emisiones a la atmósfera, siendo esta una de las principales bazas de los sectores contrarios a la incineración.

Un modelo ideal de gestión de residuos sería el que cumpliese con tres parámetros principales:

  • Recuperación y reciclaje de toda aquella fracción aprovechable: compost, papel-cartón, plásticos, etc., mediante plantas de reciclaje de RSU., residuos de envases, recogida selectiva, etc.
  • Valorización energética de la fracción considerada rechazo en estos procesos.
  • Vertido controlado de las escorias resultantes.

A finales del año 2000 en España, la situación en cuanto al tratamiento de RSU es la siguiente: el vertido controlado representa el 64 por ciento; la recuperación y el compostaje el 14 por ciento; la incineración, 5 por ciento; y el 17 por ciento no recibe tratamiento adecuado. Si embargo, si comparamos con el resto de la Unión Europea, la recuperación y el compostaje representan un 16 por ciento, la incineración un 24 por ciento y el resto, que es un 60 por ciento, no recibe tratamiento ninguno y va a vertedero controlado. Concretamente, en algunos países como Irlanda, Portugal y Grecia la incineración es prácticamente inexistente, mientras que en Suiza y Dinamarca alcanza el 80%.



Con el objetivo de impedir o reducir, en la medida de lo posible, la contaminación atmosférica, de las aguas y del suelo, así como los riesgos para la salud humana derivados de la incineración de residuos, se aprueba la Directiva 2000/76/CE relativa a la incineración de residuos, la cual integra y amplía las que anteriormente regían esta actividad: las Directivas 89/369/CEE, 89/429/CEE y 94/67/CE, referentes las dos primeras a instalaciones de incineración de residuos municipales y la última, a incineración de residuos peligrosos.

Uno de los objetivos principales de esta directiva es cumplir con los compromisos internacionales adquiridos por la Unión Europea en materia de reducción de la contaminación, en particular los relativos al establecimiento de valores límite para las emisiones de dioxinas, mercurio y polvo ocasionadas por la incineración de residuos, todo ello contando siempre con los últimos avances técnicos en materia de control de emisiones. Entre las principales cuestiones técnicas que rige la Directiva destacan las siguientes:

  • Temperatura mínima de mantenimiento de los gases de combustión de 850° C durante un mínimo de 2 segundos con una concentración mínima del 6%, con el objeto de garantizar la combustión total de los residuos.
  • Obligatoriedad de cogeneración energética, o sea, aprovechamiento del calor residual del proceso.
  • Establecimiento de valores límite de las emisiones atmosféricas de metales pesados, dioxinas, furanos, monóxido de carbono, cenizas, carbono orgánico total, cloruro de hidrógeno, fluoruro de hidrógeno, dióxido de azufre, monóxido de nitrógeno y dióxido de nitrógeno.
  • Para el control de todos estos parámetros se obliga a instalar los sistemas de medición oportunos.
  • Deberán caracterizarse las escorias del proceso, así como su potencial contaminante.
  • Siempre que sea posible se reciclarán los residuos obtenidos como material de relleno, etc.

La Directiva será de aplicación a las instalaciones nuevas a partir del 28 de diciembre de 2002 y a las existentes a partir del 28 de diciembre de 2005, fecha en la que quedarán derogadas las Directivas 89/369/CEE, 89/429/CEE, 94/67/CE y el apartado 1 del artículo 8 y el anexo de la Directiva 75/439/CEE.

En la práctica, los procesos de tratamiento térmico de residuos se dividen en tres grandes grupos: pirólisis o descomposición térmica de la materia orgánica en ausencia de oxigeno, gasificación o conversión del residuo en un gas combustible y reductor, y combustión, proceso de oxidación de la fracción orgánica de los RSU, a muy altas temperaturas y con exceso de aire. Todos estos procesos se basan en aprovechar los 10.000 KJ/Kg de poder calorífico que poseen 2,6 Tm de RSU, similar a una tonelada de carbón industrial.

Trabajos en la incineradora de Palma de Mallorca

En cualquier caso, todos los procesos deben cumplir con los requerimientos fijados en la cada vez más rígida normativa europea, de tal modo que a medida que van disminuyendo los límites de las emisiones, aumenta la complejidad del proceso de combustión de residuos y depuración de emisiones atmosféricas, lo cual eleva los costes del proceso.

A pesar de ello, el desarrollo de las técnicas empleadas dan una mayor seguridad medioambiental a los procesos, la cual, sumada a la importante generación de energía eléctrica, permite predecir que en un futuro no muy lejano que se potencie esta solución.

Planta incineradora

En contra de esta postura se posicionan todos los grupos ecologistas que ven en esta solución una fuente de contaminación ambiental. Sus principios se basan en la idea de fomentar al máximo el reciclaje y compostaje para que únicamente acabe en vertedero la fracción no aprovechable de los RSU. Según esta premisa, la incineración repercute en la disminución de estos otros tratamientos que evitan el agotamiento de recursos naturales ya que impide el reciclaje de los productos que van a precisar de nueva materia prima, energía eléctrica y agua para ser fabricados de nuevo. Por otro lado, la principal causa de rechazo es la contaminación del medio ambiente debido a emisiones atmosféricas y de cenizas que acaban en vertederos.

Muy recientemente, la Corte Europea de Justicia ha apoyado indirectamente la postura ecologista al englobar a la incineración como un proceso de eliminación de residuos y no de valorización energética. Fue en el transcurso de un litigio entre la Comisión Europea y el Tribunal de Luxemburgo mediante la cual esta trataba de anular una decisión de Luxemburgo de bloquear las exportaciones de basuras para su incineración en Francia, actividad considerada inicialmente por la mayoría de gobiernos de la Unión Europea y la Comisión Europea como de recuperación.

La incineración de residuos requieren grandes inversiones y altos costes de operación, pero hoy en día es sin duda la oposición social la que limita su desarrollo, a pesar de ser un tratamiento de RSU que, a la vez que disminuye su cantidad, aprovecha la energía contenida en los mismos.

Redacción Ambientum

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