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El
objetivo principal de los servicios de abastecimiento urbano,
agrícola o industrial de aguas es conseguir un producto,
agua potable, que, además de cumplir con los requisitos
mínimos de calidad según los parámetros
exigidos por la normativa vigente, satisfaga las necesidades
de los consumidores, tanto referente a calidad, cantidad,
localización de las tomas, etc. Posteriormente, será
devuelta al medio ambiente con el menor impacto negativo sobre
este.
Desde las antiguas civilizaciones, el abastecimiento de agua
a las poblaciones ha supuesto un problema para sus administradores.
Sin duda alguna, las culturas que desarrollaron en gran medida
el abastecimiento de aguas fueron la romana y árabe;
supieron como resolver de forma óptima el aprovisionamiento
a sus más importantes ciudades mediante el empleo de
todo tipo de conducciones, depósitos, etc.
En la actualidad, el diseño de un servicio de abastecimiento
de agua a poblaciones debe contemplar cuatro objetivos principales:
abarcar toda la población mediante un sistema de distribución
global, instalar un sistema de conducción que minimice
todos los inconvenientes técnicos que surgen durante
el transporte de aguas, ofrecer un caudal mínimo de
aguas a toda la población para los más diversos
usos existentes y, por último, asegurar unas condiciones
óptimas de calidad del agua suministrada.
En lo que respecta al consumidor o usuario del servicio, quizás
sean la calidad y cantidad del agua los factores más
destacables. La cantidad de agua que llega a cada punto de
consumo debe cubrir completamente los requerimientos del usuario:
aseo y consumo personal, lavado de vehículos, riegos
de parques y jardines, limpieza urbana, ocio, ornamentación,
etc. además de usos agrícolas e industriales.
Hoy en día es completamente impensable que el agua
potable no llegue a su destino con la presión y caudal
suficiente; en ningún caso es cuestionable que la cantidad
suministrada no alcance las necesidades existentes. Por ello,
la entidad gestora debe asegurar la disponibilidad de agua
en todos los puntos de la ciudad, en épocas de invierno
o estivales, con sequía o en cualquier otra circunstancia,
sin reducir los suministros por debajo de los límites
de confortabilidad del usuario.
Por otro lado, la calidad de las aguas deberá cumplir
en todo caso con los requisitos mínimos establecidos
en la reglamentación técnico-sanitaria vigente,
variables según el destino de las aguas: urbano, agrícola
o industrial. La calidad del agua es un concepto resultante
de una serie de parámetros físicos, químico-orgánicos,
químico-inorgánicos, microbiológicos
y radioactivos. La medida de la calidad del agua será
el compendio de medidas de todos los parámetros, englobados
en estos apartados, que quedan definidos por la normativa
vigente. En general, y a pesar de los posibles tratamientos
de potabilización, la calidad de las aguas suministradas
está condicionada por la calidad de las aguas en su
punto de abastecimiento. Por ello, los vertidos urbanos y/o
industriales son los causantes de poder llegar a desechar
una fuente de aguas por haber alcanzado grados de contaminación
no aptos para consumo humano.

La normativa
europea vigente establece una clasificación de las
aguas en orden a la presencia de determinados tipos de elementos
en las aguas destinadas a consumo humano, tanto superficiales,
subterráneas o marítimas, determinando los tratamientos
que proceden según la calidad del agua captada y prohibiendo
la captación de otros tipos de aguas. Asimismo, la
planificación hidrológica correspondiente, en
nuestro caso, el Plan Hidrológico Nacional y los respectivos
Planes Hidrológicos de Cuenca, fijarán los objetivos
de calidad en función de los usos previstos para las
aguas.
Una vez superados los valores permitidos y quedando el agua
en condiciones de consumo, será el propio consumidor
el que detecte las características organolépticas
de la misma, color olor y sabor, y determine el grado de calidad
final del agua.
Salvo en casos en los que se produzcan roturas, reparaciones,
etc. de algún conducto, es muy difícil que en
la actualidad se suministre agua que no sea completamente
incolora e inodora. Los colores del agua son causados por
sólidos en suspensión, minerales o fitoplancton
y el olor se produce por la descomposición de materia
orgánica o por agentes procedentes de vertidos. En
ambos casos, todos son eliminables en un proceso normal de
potabilización.
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