En la actualidad, algo menos de las dos terceras partes del
agua destinada a consumo humano procede de aguas continentales
superficiales, o sea, ríos, arroyos, embalses, lagos
o lagunas. El resto se divide entre un tercio de aguas subterráneas
y una pequeña cantidad de agua de mar. En el caso de
las aguas continentales superficiales, en el momento en que
van a ser destinadas a abastecimiento de aguas potables, deben
mantener unos parámetros mínimos de calidad
que aseguren su correcto estado. Con el objetivo de controlar
que ningún vertido industrial y/o urbano al cauce pueda
alterar las condiciones del agua, ésta deberá
ser periódicamente analizada.
La
legislación europea, con el objetivo de normalizar
los métodos de medición de los parámetros
físicos, químicos y bacteriológicos
que determinen la calidad del agua y evitar de este
modo la disparidad de criterios y métodos a la
hora de la realización de muestreos, define tanto
los métodos de medición como las frecuencias
mínimas de muestreo a través de la Directiva
79/869/CEE y la Directiva 75/440/CEE, traspuesta a la
normativa española por el Reglamento de la Administración
Pública del agua de la Planificación Hidrológica,
R.D. 927/880.Según estas normativas, serán
las Confederaciones Hidrográficas, como organismos
de cuenca, los encargados de velar por el mantenimiento
de los valores fijados relativos al límite de
detección, previsión y exactitud de los
métodos utilizados para el control de los parámetros,
los cuales coincidirán con los métodos
de referencia establecidos. |
|
El
abastecimiento se basa en los caudales naturales |
|
La normativa
establece una clasificación de las aguas superficiales
cuyo destino sea el consumo humano según el grado de
potabilización necesario. De este modo, se definen
como aguas de tipo A-1 las que precisen un tratamiento físico
simple seguido de desinfección, tipo A-2, las aguas
que deberán someterse a un tratamiento físico
normal, tratamiento químico y desinfección y,
por último, aguas tipo A-3, aquellas que precisen un
tratamiento físico y químico intensivos, afino
y desinfección.
Asimismo, la planificación hidrológica correspondiente,
en nuestro caso el Plan Hidrológico Nacional y los
respectivos Planes Hidrológicos de Cuenca, fijarán
para estos tres tipos los objetivos de calidad en función
de los usos previstos para las aguas, incluyendo tanto la
situación de las aguas al redactarse el plan, como
los objetivos de calidad que deban alcanzarse en cada río,
tramo de río, lago, etc. Estos serán comprobados
por los organismos de cuenca con la frecuencia y garantías
de exactitud en la obtención de los resultados analíticos
fijados por la normativa. En ningún caso, ni las frecuencias
de medición ni los niveles de calidad serán
inferiores a los establecidos en la Directiva Europea para
cada tipo de agua.
Los resultados obtenidos en estas caracterizaciones serán
incluidos en informes sectoriales trienales que serán
remitidos por cada Estado a la Comisión Europea, la
cual elaborará un informe de ámbito comunitario
sobre el estado de las aguas continentales superficiales.
En la tabla adjunta se indican los límites obligatorios
que figuran en el anexo II de la Directiva 75/440/CEE a los
que deberá ajustarse la calidad de las aguas continentales
superficiales destinadas a consumo humano, después
de su potabilización.

Según
la normativa europea, estos límites podrán ser
rebasados en caso de inundaciones, catástrofes naturales,
por razones meteorológicas o geográficas, por
un enriquecimiento natural en determinadas sustancias que
provoque la superación de los límites establecidos
o en el caso de lagos de escasa profundidad y con aguas casi
estancadas.
En la actualidad, una de las herramientas más modernas
y eficaces que existe en el campo de la gestión de
recursos hídricos es el Sistema Automático de
Información Hidrológica SAIH. En España
comenzó a implantarse en el año 1983, estando
actualmente operativo en las cuencas de la vertiente mediterránea,
el Guadalquivir y el Tajo. Este sistema se basa en una red
de telemedida y telecontrol conectada a un sistema informático
que modeliza el estado real de la cuenca. En lo que respecta
al análisis de la calidad del agua, este sistema cuenta
con estaciones de medida automática que determinan
parámetros como pH, temperatura del agua, conductividad,
oxígeno disuelto, turbidez, nivel, caudal, amonio total,
carbono orgánico, cloruros y nitratos, lo cual, sumado
a la posterior gestión de datos de análisis
de laboratorio, posibilita la vigilancia y control, de forma
rápida y segura, de los niveles de la calidad de las
aguas.
En cualquier caso, mediante este u otro tipo de metodología,
las Confederaciones Hidrográficas, como organismos
de cuenca, deberán cumplir con la normativa vigente
referente a la calidad exigida de las aguas continentales
superficiales destinadas a consumo humano.
|