| Limpieza
de sentinas de buques |
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Debido
al gran desastre que el Prestige
ha provocado en las costas gallegas y en el resto del norte
de la península, existe en la sociedad un cierto temor
y rechazo hacia el transporte de hidrocarburos por mar, concretamente
el petróleo. Está claro que este elemento es completamente
necesario en nuestra sociedad, con lo cual su transporte desde
los puntos de producción hasta los de consumo requiere
de medios rápidos y baratos tales como los grandes petroleros.
En este momento, cerca de 6.000 buques portadores de petróleo,
están surcando los mares de nuestro Planeta, llevando
consigo 1.250 millones de toneladas de crudo.
Los
problemas aparecen cuando se producen vertidos al mar de estos
hidrocarburos. Los motivos de vertido son varios. Sin duda,
el más espectacular y dañino es, como en el caso
del Prestige, el producido por hundimientos o grandes accidentes,
pero se estima que estos son los causantes de aproximadamente
el 10 o 15% del total de vertidos de hidrocarburos al mar. El
resto procede de derrames de pequeño o medio tamaño
en operaciones de carga y descarga, pequeños accidentes,
roturas de depósitos, limpieza de depósitos y
sentinas, etc. |
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Esta última operación es una de las que
más indignación provoca en la sociedad,
ya que por reducir tiempo y costes en estas operaciones
se prefiere descargar al mar la suciedad de los depósitos
a realizarlo en las instalaciones existentes al efecto
en la casi totalidad de los puertos importantes. Esta
práctica está, como es lógico,
perseguida y duramente penalizada, pero el control de
todos los buques es sumamente complicado y de ello se
aprovechan las compañías navieras.
Concretamente,
el Mediterráneo, con apenas un 0,7% de la superficie
de los mares de la Tierra, alberga, entre otros, el
35% del comercio mundial de crudos y de productos refinados
de petróleo. Esta actividad provoca unos derrames
estimados de 650.000 Tm/año, lo que lo convierte
en uno de los mares más sucios del Planeta, con
una concentración superficial de alquitrán
equivalente a diez veces la de otros mares regionales.
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En España existen dos puntos críticos de tráfico
de estos buques. El más concurrido es el Estrecho de
Gibraltar, ya sea por descarga en los puertos de Algeciras,
Gibraltar y el trasiego desde la refinería de San Roque
o por ser un punto de paso obligado hacia el norte de Europa
y América desde el Golfo Pérsico. La otra zona
es la comprendida entre Tarragona y Cartagena.
En
estas costas, y principalmente en las de la bahía de
Algeciras, es habitual la aparición de "pequeñas"
cantidades de crudo derramado, el conocido alquitrán
de las playas. Las cantidades retiradas de las costas no son
grandes, menos de siete toneladas, pero la reincidencia afecta
de forma negativa al sector turístico, a pesar de que
la retirada se realice de forma rápida y ordenada.
Con
el objetivo de reducir todas estas prácticas ilegales,
el Convenio MARPOL
73/78, Convenio Internacional para la Prevención de
la Contaminación por los Buques, auspiciado por la
Organización Marítima Internacional, OMI,
agencia especializada perteneciente a la Organización
de las Naciones Unidas, y aprobado por la práctica
totalidad de países, estipula los métodos especiales
de construcción para la prevención de la contaminación
accidental, y los procedimientos de carga y descarga autorizadas.
Este
convenio está enfocado a la minimización y eliminación
de la contaminación procedente de los buques y se divide
en cinco anexos:
- Anexo
I, hidrocarburos.
- Anexo
II, sustancias líquidas peligrosas transportadas
a granel.
- Anexo
III, sustancias peligrosas transportadas en paquetes y bultos.
- Anexo
IV, aguas sucias.
- Anexo
V, residuos asimilables a urbanos producidos en los buques.
El
anexo I, entre otras cosas, obliga a dotar a los buques con
sistemas de control de descargas equipados con registro continuo,
control de contenido de hidrocarburos, sistemas de limpieza
de tanques, depósitos de decantación con capacidad
suficiente para los residuos generados durante el lavado de
tanques y equipos separadores de agua e hidrocarburos. Todo
ello, sumado a los productos empleados en la limpieza de depósitos
y sentinas, deben asegurar que la mezcla de agua e hidrocarburos
descargada al mar contenga una concentración de hidrocarburos
inferior a los valores determinados en el convenio.
En
cualquier caso, los buques están obligados a contar
con un libro registro donde se debe anotar cualquier descarga
o fallo del sistema de vigilancia de descargas de hidrocarburos,
motivo suficiente para que las autoridades de vigilancia realicen
inspecciones en el próximo puerto de escala del buque.
Además, el Convenio MARPOL 73/78 establece los procesos
de inspección, certificación y retención
de buques en los distintos puertos y, en su caso, sanción
por parte del Estado de abanderamiento.
Por
otra parte, el Convenio MARPOL 73/78 obliga a disponer de
instalaciones de recepción de los residuos cuya descarga
en la mar está prohibida. En España existen
varias instalaciones de este tipo, donde destacan la de Algeciras,
gestionada por Dramar Andalucía Dragados y Construcciones
S.A., y la de Barcelona, gestionada por Ecoimsa
del Grupo Tradebe.
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| Agencia
Marpol |
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En
el primer caso, mediante una red de depósitos
de almacenamiento y una flota de vehículos de
transporte por carretera, se tratan en la planta de
Algeciras 2.430 m3/año de residuos procedentes
de los puertos de Sevilla, Huelva, Almería, Carboneras,
Motril, Algeciras, Málaga y Cádiz. En
Barcelona, destaca el servicio hacia buques de pasajeros.
En cualquier caso, el tratamiento se fundamenta en un
proceso combinado de decantación físico-química,
degradación biológica, evaporación,
estabilización y valorización de hidrocarburos.
Con
la aplicación de todos estos medios, la contaminación
de los mares por hidrocarburos debería disminuir,
siempre y cuando las navieras no antepongan los resultados
económicos a la contaminación del mar
y exista una labor eficaz de seguimiento y sanción
por parte de los distintos estados.
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Redacción
Ambientum
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