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Edición marzo 2003 - La Primera revista on-line de medio ambiente
Efectos de algunos contaminantes atmosféricos en la salud humana
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Como es bien sabido, los actuales procesos industriales, el transporte y, en general, cualquier actividad cotidiana genera una serie de residuos sólidos, líquidos o gaseosos que terminan por contaminar y dañar el entorno y, dentro de este, a la salud humana. Entre las emisiones a la atmósfera de gases residuales, existen una serie de compuestos que, debido a su naturaleza y a sus orígenes, se encuentran en mayor cantidad en la atmósfera, incidiendo de forma negativa sobre nosotros mismos y sobre el entorno que nos rodea.

Entre la larga lista de contaminantes atmosféricos existentes, destacan por sus características y concentración los siguientes compuestos: dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono, hidrocarburos, sulfuro de hidrógeno, etc.

El dióxido de nitrógeno es un gas no inflamable y tóxico, originado de forma natural en procesos biológicos, tormentas y, por la oxidación del monóxido de nitrógeno natural, se encuentra en la atmósfera en pequeñas concentraciones.

De forma artificial se genera a partir de la oxidación del monóxido de nitrógeno presente en el aire y en combustibles fósiles durante su combustión, además de en procesos industriales en los que se emplea nitrógeno. En las ciudades, los vehículos son la principal fuente de emisión.

Las concentraciones altas de dióxido de nitrógeno afectan principalmente al sistema respiratorio y provocan irritación nasal, incomodidad respiratoria y dolores respiratorios agudos. Mientras, la presencia de monóxido de nitrógeno no se considera peligrosa para la salud.

Por otro lado, uno de los contaminantes primarios que se encuentra en mayor proporción en la atmósfera es el dióxido de azufre. Es incoloro y susceptible de transformarse en anhídrido sulfúrico mediante oxidación.

El dióxido de azufre procede de la combustión de carbón y derivados del petróleo que contienen azufre en su composición, siendo las principales fuentes las centrales térmicas, refinerías de petróleo, procesos de obtención de sulfúrico y, por supuesto, los automóviles y las calefacciones a nivel urbano. A concentraciones elevadas resulta irritante al transformarse en ácido sulfúrico en los órganos respiratorios internos, afectando principalmente al sistema respiratorio y a la conjuntiva.

Otro contaminante muy común, incoloro, inodoro e inflamable es el monóxido de carbono. Es un gas procedente principalmente de la combustión incompleta del carbono presente en combustibles, siendo los principales focos emisores las centrales térmicas, refinerías y los automóviles.

Su presencia afecta a la hemoglobina de la sangre, reduciendo la capacidad de transporte de oxígeno por los glóbulos rojos, pudiendo incluso llegar a ser fatal a altas concentraciones.

También es preciso mencionar el ácido sulfhídrico. Se trata de un gas incoloro, soluble en varios líquidos y de olor penetrante. La mayor parte de este gas se encuentra de forma natural en la atmósfera, pero resulta tóxico a altas concentraciones. Procede mayoritariamente de la fabricación de pasta de papel, el refinado del petróleo y la industria textil.

Su presencia afecta de forma especial al aparato respiratorio produciendo irritación en nariz, garganta y ojos, además de dolor de cabeza, mareos y vómitos.

Otro elemento o grupo de elementos contaminantes son los hidrocarburos. Conforman una gran familia de compuestos emitidos directamente a la atmósfera, siendo los más perjudiciales los de peso molecular más bajo, tanto los hidrocarburos alifáticos saturados y no saturados, como los aromáticos, así como compuestos orgánicos volátiles como policlorobifenilos, dioxinas, furanos, etc.

El origen de estos compuestos se encuentra en los medios de transporte, la combustión incompleta de combustibles fósiles y, en general, en procesos industriales de manipulación de estos y sus derivados.

Sobre la salud humana interfieren de forma distinta, desde los efectos cancerígeno y mutagénico de los hidrocarburos aromáticos a los irritantes de los alifáticos, etc.



Por último, en este pequeño síntesis, aunque no en la realidad, se citan a las partículas en suspensión. Están formadas por un conjunto de partículas de compuestos de distinta naturaleza con la característica común de poseer un tamaño inferior a 10 micras y permanecer de forma estable en el aire durante largos períodos de tiempo, pudiendo ser trasladadas por el viento a distancias importantes.

Sus orígenes son muy diversos, tanto naturales como artificiales, tales como el tráfico, calefacciones, procesos industriales de combustión, etc. Los principales efectos se reflejan en las vías respiratorias ya que pueden llegar a fijarse en las paredes internas de los conductos alveolares, siendo especialmente problemático sobre todo en aquellas personas que presenten cuadros alérgicos.

En cualquier caso, la reducción de la concentración de todos estos y muchos más contaminantes presentes en la atmósfera, estriba en complicadas pero necesarias políticas, encaminadas a limitar las emisiones desde las fuentes productoras de este contaminante, reducir el tráfico, crear automóviles menos contaminantes, controlar las emisiones industriales, etc.

Redacción Ambientum

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