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Los
vertederos de residuos sólidos urbanos presentan importantes
impactos ambientales, sociales, visuales, degeneración
de terrenos, rechazos de la población vecina, etc.
pero son la producción de lixiviados y la generación
de gases dos de los problemas más acuciantes en la
gestión diaria de un vertedero.
Datos
del Ministerio de Medio Ambiente reflejan que en España,
en 1998, el 56,73% de la producción anual de los RSU
se eliminó mediante vertido, lo cual implica que en
la actualidad existen multitud de vertederos de residuos sólidos
urbanos que albergan en su interior gran cantidad de materia
orgánica en proceso de descomposición, o lo
que es lo mismo, ingentes cantidades de gases almacenadas
en el interior del vertedero o fugando incontroladamente hacia
la atmósfera o el subsuelo.
En
la actualidad, esta situación ha variado tras la aprobación
de la Directiva 1999/31/CE del Consejo relativa al vertido
de residuos, ya que restringe el vertido de materia orgánica
junto al resto de residuos sin someterse a ningún tratamiento
previo. Una vez aplicada esta ley, junto con la española
11/1997 de envases y residuos de envases, el Real Decreto
1481/2001 para el control de residuos depositados en vertederos
y el Plan Nacional de Residuos Urbanos, va a variar drásticamente
el panorama nacional de gestión de vertederos y, como
consecuencia, la producción de biogás en los
vertederos.
Las
emisiones incontroladas de biogás generan malos olores,
diversos efectos negativos sobre la vegetación y edificaciones
colindantes, incluso, en los casos más extremos, explosiones
en el seno del vertedero o sobre su superficie. Por otro lado,
el metano es un agente potenciador del efecto invernadero
del planeta; muchos investigadores y autores consideran que
una molécula de metano contribuye 25 veces más
que una de dióxido de carbono al efecto invernadero.
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En cualquier caso, el resultado final, a modo orientativo
y aproximado, un metro cúbico de biogás se genera
a partir de 5-10 Kg de residuos con un 50% de materia orgánica,
resultando una mezcla de gases compuesta por un 45-60% de
metano, 40-60% de dióxido de carbono, 2-5% de nitrógeno,
1% de oxígeno, pequeñas cantidades de amoníaco,
monóxido de carbono, hidrógeno, etc. y cantidades
traza de otros constituyentes como mercaptanos, compuestos
organosulfurados, etc.
De
todo el gas generado, aproximadamente, entre un 50 y un 80%
estará disponible para su recolección y, de
este, un 60% durante los 10 primeros años, un 35% en
los siguientes 10 años y, el resto en un plazo posterior
de 20 a 30 años.
Por
todo ello es necesaria la aplicación de controles medioambientales
adecuados y tratamientos finales que aseguren la completa
eliminación del biogás. Además, si los
caudales extraídos son suficientes, será posible
el aprovechamiento energético del mismo. Las técnicas
empleadas hoy en día en la desgasificación y
posterior aprovechamiento energético se encuentran
suficientemente desarrolladas y, han sido empleadas para abastecer
eléctricamente a instalaciones de muy variada índole
o, simplemente a la red general de distribución de
energía eléctrica. En el caso de aprovechar
también la energía calorífica desprendida
de los motores de combustión, se denomina el proceso
"cogeneración eléctrica".
En
consecuencia, la aplicación práctica de la desgasificación
de un vertedero comienza por la instalación de un sistema
de desgasificación, el cual se compone por tres elementos
principales; sistema de captación de gases, conducción
y control y, transporte.
La
captación de gases se realiza mediante una red de pozos
verticales, o zanjas horizontales, según la profundidad
del vaso de vertido, distribuidos regularmente por toda la
superficie del vertedero, en los que se introducen tuberías
(normalmente de polietileno) ranuradas en un 20-30 % de su
longitud con el objetivo de que penetre el gas y, correctamente
sellados en su superficie para evitar entradas de oxígeno
al caudal de gas ni salidas de este a la atmósfera.
La
conducción y control de los gases hasta los colectores
principales es, quizás, el punto que más diferencia
las técnicas de desgasificación. Consiste simplemente
en tender tuberías, habitualmente de polietileno, desde
la cabeza de los pozos hasta los colectores. Actualmente,
siguiendo la nueva legislación sobre sellado de vertederos,
estas tuberías quedan enterradas bajo varias capas
de áridos, pero, para una gestión óptima
del campo de gas, conviene que se encuentren en la superficie
del vertedero, de tal modo que cualquier trabajo de mantenimiento
sobre la misma sea sencillo; extracción de condensados,
conservación de pendientes en los tendidos, etc.
En
estos tramos se ubicará la valvulería necesaria
de medición y control de los caudales aportados por
cada pozo con el objetivo de mantener constante el porcentaje
de metano en el biogás que llega a combustión,
controlando los niveles de oxígeno presentes en el
gas, mediante la presión de aspiración, de forma
que no exista la posibilidad de que la mezcla metano-oxígeno
se vuelva explosiva.
Existen
básicamente dos métodos de control de biogás
en el mercado: ºautomático o manual. El primero
consiste en dotar al sistema de analizadores de metano, oxígeno,
caudalímetros y tomas de presión que, de forma
automática, envían los datos a un autómata
central que reacciona regulando de una forma u otra las válvulas
instaladas. El sistema manual se basa en la instalación
en cada pozo de válvulas de regulación y puntos
de toma de muestra manuales, de tal modo que un operario,
una o dos veces por semana comprueba el estado de todos los
pozos y, en consecuencia, regula las válvulas. El segundo
sistema, aunque parezca muy precario, resulta más adecuado
para el correcto seguimiento del campo de gas ya que, las
variaciones de caudal y presión en los pozos se producen
de forma lenta y progresiva y casi nunca repentina, o sea,
fácilmente detectables en un seguimiento continuo,
por lo que no es preciso instalar un sistema automático
que destaca por su alto coste de montaje y mantenimiento.
Por
último, el transporte de gases hasta la estación
de aspiración se realiza mediante colectores de mayor
diámetro a los que se conectan los ramales de conducción.
Uno de los factores más importantes a tener en cuenta
para el correcto funcionamiento de estas líneas es
la posibilidad de eliminación de los condensados que
se forman en el interior de las tuberías por el cambio
térmico, de 35 a 50ºC, entre el interior del vertedero
y la gran saturación en vapor de agua del gas. En casos
de tendidos sin la suficiente pendiente, pueden formarse tapones
que anulan o reducen la efectividad de la red de captación.
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En
cualquier caso, no existe ni método ni normativa
que regule el diseño de estas instalaciones,
por lo que es fácil encontrar diseños
de muy diversa índole, sobre todo en lo que respecta
a pozos, sistemas de regulación y diámetros
en las tuberías, aunque hoy en día, en
España destacan dos empresas instaladoras; EUROMERCIAL,
con instalaciones en los vertederos de Gardelegui en
Álava, Meruelo en Cantabria, Arico en Tenerife,
etc. y CLP
ENVIROGAS, con instalaciones en los vertederos de
El Garraf, Vall d´en Joan en Barcelona, y Montemarta-Cónica
en Sevilla, etc.
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El
aprovechamiento energético del biogás viene
determinado por su poder calorífico. El metano tiene
un PCI de 8.900 kcal/Nm3, pero teniendo en cuenta al resto
de componentes del biogás, resulta finalmente un PCI
de aproximadamente 4.200 kcal/Nm3. En el mercado existen varias
firmas que se dedican a la comercialización de motores
específicos para la combustión de este gas;
JENBACHER,
GUASCOR,
etc, los cuales, acoplan el correspondiente alternador se
obtiene energía eléctrica. Los equipos más
modernos queman eficazmente el gas con una proporción
muy baja de aire, reduciendo las emisiones de gases contaminantes.
Una ratio habitual de producción es obtener un kilovatio
hora a partir de aproximadamente 1,2 m3 de biogás.
En
la actualidad, destacan en España los vertederos de
Murcia, Sevilla en Montemarta-Conica, Vitoria Gasteiz Gardelegui,
Asturias el de La Zoreda, el de Artigas en Bilbao, el de San
Marcos en Pamplona, etc. y, en un corto intervalo de tiempo,
entrarán en funcionamiento las instalaciones de los
vertederos de Valdemingomez en Madrid con 14MW y el de El
Garraf, Vall d´en Joan en Barcelona con 12 MW. En fase
de proyecto se encuentran muchos vertederos, aunque la mayoría,
por dimensiones y sistemas de explotación desarrollados,
tan solo contarán con antorchas de combustión
o pequeñas unidades de generación energética.
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