| Revista Ambientum |
| Edición marzo 2003 - Suelos y Residuos |
| Generalidades de los envases de brik |
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Desde que, en los años 50, apareció el envase de brik, denominado técnicamente como cartón para bebidas, ha presentado un desarrollo muy importante en el sector de la comercialización de productos alimentarios líquidos. Las características que más han ayudado a su expansión son, sin duda, su peso y su forma rectangular, que facilita su almacenaje y transporte, su capacidad de protección y conservación del producto, su forma de llenado, basada en formar un tetraedro a partir de una bobina de papel recubierta de plástico y, su sellado final. En la actualidad, en Europa se envasan a diario más de 100 millones de litros de productos lácteos, aceite, salsas, vino, agua, etc., siendo el brik el envase más empleado para zumos y leche. Las características de este producto se pueden dividir en función de su comercialización y su conservación. Con respecto a la primera, el brik ha demostrado ser un envase robusto, resistente a los golpes, que ocupa un espacio mínimo en la distribución del envase vacío, al presentarse en forma de paralelepípedo y lleno de producto, ya que minimiza los espacios vacíos, además de mejorar la comunicación y el diseño de etiquetados. En relación con el producto, lo protege del aire, la luz, las bacterias y, si el envase es aséptico, no requiere refrigeración para su conservación. El
cartón para bebidas se compone de varios materiales superpuestos
en capas, cada una de las cuales aporta una función y propiedad
concreta al conjunto del envase. En la actualidad, tanto el peso como
el volumen del envase se encuentran reducidos al mínimo, tras muchos
años de investigación; en un periodo de 20 años,
el peso de un cartón se ha reducido un 20%, pesando en la actualidad
un envase de un litro entre 25 y 28 gramos. El segundo material empleado es el polietileno, el cual, aplicado en capas de pocas micras, supone aproximadamente un 15-20% del peso del envase. Distribuido en varias capas, según el tipo de envase, cumple varias funciones. Exteriormente, sobre el cartón, impermeabiliza y cierra herméticamente el envase. Interiormente, forma una bolsa que contiene el producto y, en el caso de envases asépticos, sirve de adherente a una capa de aluminio. Por último, el aluminio se emplea en el caso de envases asépticos. Mediante este tipo de envase, el producto queda protegido de los agentes externos y mantiene sus propiedades nutritivas y organolépticas durante mucho tiempo. La capa de aluminio empleada es de unas 6.5 micras, lo cual supone apenas el 5% del peso del envase. El aluminio actúa como barrera de gases, impidiendo tanto la entrada de agentes externos como la salida de los componentes aromatizantes del producto. Además, durante el envasado, se emplea como agente conductor de una corriente eléctrica que sella y adhiere las capas de polietileno, que unen el aluminio con el cartón exterior y el polietileno interior. Una vez empleado este tipo de envase, al no ser reutilizable, no queda otra opción que considerarlo como residuo. Por ello, acabará depositado en un vertedero controlado, reciclado o incinerado. En el primero de los casos, el impacto generado por un envase de cartón para bebidas es nulo; en el interior de un vertedero se comporta prácticamente como un residuo inerte, aunque se desperdician los materiales que, a través del reciclaje, podrían ser recuperados. El brik es un material que acepta perfectamente su reciclado. En Europa, es a partir de la aprobación de la Directiva Comunitaria 94/62/CE, cuando el envase de cartón para bebidas sufre un auge muy importante en su recuperación. Esta ley establece el marco de actuación en el que se han de mover los estados miembros en lo que respecta a la política sobre los envases y los residuos de envases que se generan en sus respectivos territorios. En Europa comienza el reciclado de este tipo de envase a principios de los años 90, pero a partir de la aprobación de la Directiva en 1994, se produce un incremento considerable alcanzando en la actualidad las 190.000 Tm de envases, lo que supone el 21% de la producción total. En España se reproduce esta situación con la aprobación de la Ley de Envases y Residuos de Envases (11/97 de 24 de abril), alcanzando en el año 2001 un índice de reciclado del 15,63 %, con 21.444 toneladas. Esta ley, que responde ante el impacto medioambiental ocasionado por el gran volumen de envases, y el posterior residuo generado, con el objetivo de prevenir y reducir el impacto sobre el medio ambiente de los envases, establece los medios y métodos (Sistemas Integrados de Gestión) para favorecer la recogida selectiva de este material junto con otros envases, en los conocidos contenedores amarillos. Se construyen plantas de selección de estos materiales por todas las comunidades autónomas, se fomenta la recuperación desde la basura en masa y se realizan campañas de sensibilización ciudadana. En consecuencia, en pocos años se multiplica la recuperación de brik. En España es ECOEMBES S.A. (http://www.ecoembes.com) quien, a través de su S.I.G. procede a la gestión de este residuo. El ciclo comienza mediante la recogida selectiva en origen, con la instalación en la vía pública de contenedores amarillos destinados a envases y residuos de envases. Este sistema precisa un alto índice de participación y concienciación ciudadana pero, a cambio, se obtiene un material limpio y libre de impurezas. La
clasificación de este tipo de residuo en cada uno de los materiales
que contiene se realiza en las plantas de selección de envases,
regida siempre por las Especificaciones Técnicas de Materiales
Recuperados (E.T.M.R.) facilitadas por ECOEMBES S.A. a través de
su S.I.G, donde se establece el grado de calidades del material recuperado:
pesos, tamaños y presentación de balas, presencia de impurezas,
etc. Una vez clasificado y prensado, se envía a las plantas recuperadoras donde se recicla el papel, aluminio y polietileno, partiendo de un proceso denominado "repulpado". Este es un proceso básico de separación de fibras de papel, basado en mezclar el envase con agua para formar una pasta de la que, mediante cribados y filtrados, se retira el aluminio, polietileno, suciedades y elementos extraños. La pasta final podrá emplearse en obtener nuevos productos de papel. Por otro lado, la mezcla de polietileno y aluminio resulta más complicada y costosa de separar y recuperar. El polietileno carece de valor económico, pero, por el contrario, la recuperación de aluminio resulta viable y factible mediante un proceso de pirólisis en la que el polietileno es gasificado, quedando el aluminio limpio de impurezas. Otra solución, no muy extendida, es la incorporación de esta mezcla a hornos cementeros, de tal modo que se añade el aluminio como aditivo del cemento y el polietileno como combustible. Por
último, existe un sistema de fabricación de aglomerados
(Yekpan, Chiptec, Tectan, etc.), empleados para la construcción
de mobiliario de oficinas, urbano, suelos, etc., basado en la trituración
y prensado en caliente de la mezcla obtenida, siendo el polietileno el
agente de unión de la misma. En países como Turquía
o China, este material ya se produce en cantidades considerables. En Europa,
el primer país productor fue Alemania y, en España, la empresa
RDB (http://www.maplar.com) ha desarrollado un material denominado Maplar
con el que fabrica mobiliario urbano. En cualquier caso, el brik es un envase que, por su comodidad, resistencia, seguridad, protección y bajo coste en la distribución de productos líquidos, se encuentra hoy en día en pleno auge y expansión. Por ello, la cantidad de residuos generados de este envase también se encuentra en ascenso, lo cual obliga a un esfuerzo de ciudadanos, administraciones, instituciones, recicladores, recuperadores, etc. para que el impacto medioambiental generado por estos sea mínimo, aumentando día a día las cifras de reciclado de envases y recuperación de materiales. |
Redacción Ambientum |
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