Revista Ambientum -la primera revista on-line de medio ambiente
Buscador de contenidos. Buscar en Revista Ambientum y Enciclopedia Ambientum.

BUSCAR
HOME MÁS ARTICULOS - listado de artículos de números anteriores AMBIENTUM TARIFAS DE LA REVISTA
Edición febrero 2003 - La Primera revista on-line de medio ambiente
Uso de las aguas subterráneas
Versión para Imprimir

En España, al igual que en otros muchos países en los que las precipitaciones son escasas e irregulares pero el clima es muy apto para la agricultura, comienza a partir de los años 50 la explotación de los acuíferos subterráneos, debido principalmente a los avances tecnológicos en esta materia. La aparición de pozos no respondió a ninguna planificación previa, sino que los propios agricultores son los que, apercibiéndose de las posibilidades existentes, se dedicaron a abrir nuevos pozos junto a sus cultivos.

Actualmente en España, la extracción de aguas subterráneas supone el suministro aproximado de 5.500 hm3, de los cuales unos 1.500 se destinan al abastecimiento de agua potable a las poblaciones, y el resto a riegos agrícolas que abarcan una superficie de un millón de hectáreas. Esta cantidad asciende a cerca de la tercera parte del total de agua suministrada en el caso de urbanas e industriales y a la cuarta parte de la agrícola, lo cual supone un global de 12 millones de habitantes suministrados a partir de acuíferos subterráneos.

Debido a una serie de actuaciones incontroladas por parte de algunos usuarios, algunos acuíferos se encuentran sobreexplotados, dando lugar a diversos problemas como agotamiento de las reservas, deterioro de la calidad del agua, contaminación, etc. El problema de la sobreexplotación afecta a un gran número de acuíferos utilizados como fuente de suministro de agua potable. Las estimaciones actuales cifran en 58 las unidades hidrológicas, entre el 20 y 30 % de los recursos, que ven amenazada su sostenibilidad.La protección de las aguas subterráneas frente a usos indebidos y excesivos queda actualmente contemplada en la Directiva Europea 80/68/CEE. Según ésta, la integración de las aguas subterráneas en la gestión hídrica, la preservación de la calidad frente a la contaminación y la optimización de los actuales aprovechamientos son las tres condiciones para aumentar la disponibilidad de recursos hídricos y, por consiguiente, para reducir el uso indiscriminado de las aguas subterráneas.
Tablas de Daimiel

La sobreexplotación de un acuífero se produce por una diferencia entre el rápido consumo de agua y la lenta capacidad de recarga del mismo, sobre todo en tiempos de sequía. En acuíferos costeros provoca la invasión de agua salada, como está sucediendo en muchos puntos de la costa mediterránea, inutilizándolos para el consumo tanto urbano como agrícola, además de desequilibrar el ecosistema donde esté integrado. Cabe citar el caso de las Tablas de Daimiel donde la sobreexplotación de los acuíferos provocó hace pocos años el secado de ciertas áreas, con el consiguiente impacto medioambiental.

El otro problema principal es el generado por actividades urbanas, industriales o agrícolas que polucionan los acuíferos. La contaminación podrá aparecer de forma difusa, lenta y continua en grandes áreas, provocada por el empleo excesivo de fertilizantes, nitratos y pesticidas, invasión de aguas salinas, etc. o, por el contrario, de forma puntual junto a instalaciones potencialmente contaminantes como vertederos de residuos urbanos o industriales, balsas de minas, gasolineras, acumulaciones de purines, fosas sépticas, etc.

En España, aproximadamente la mitad de los sistemas acuíferos existentes presentan concentraciones puntuales de nitratos superiores a los 50 mg/l, cifra que fija la reglamentación para el agua de consumo humano. Los acuíferos más dañados por este fenómeno son los de la costa mediterránea, las cuencas de los ríos Guadiana y Júcar, así como zonas puntuales de Badajoz, Ciudad Real, Baleares, Tenerife y Gran Canaria. Por otro lado, la salinización de acuíferos se está produciendo en toda la vertiente mediterránea, desde Gerona hasta Málaga y, de ahí hasta Huelva, sumándose puntos concretos de Asturias, Cantabria, País Vasco y los archipiélagos Balear y Canario. En cualquier caso, la explotación incorrecta de las aguas subterráneas se ve agravada por la dificultad que conlleva el diagnóstico de la misma o porque el problema no se hace evidente.

Para cualquier planteamiento futuro en lo referente a las aguas subterráneas el quinto programa comunitario en materia de medio ambiente señala una serie de principios básicos entre los que podemos citar los siguientes: uso sostenible, de manera que los acuíferos tengan una explotación equilibrada y que no de lugar a una destrucción de los mismos, una gestión integral que contemple tanto las aguas subterráneas como superficiales, conservación del recurso, protección frente a la contaminación, etc.

El primer paso en la gestión de las aguas subterráneas es el control y seguimiento de su calidad y cantidad. En España existen actualmente más de 11.000 puntos de análisis de los cuales 6.000 son empleados periódicamente. En este sentido cabe citar la "Red ICA Subterránea", inaugurada en 1995 por el Área de Calidad de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Ebro, formada en la actualidad por 154 puntos de control, con el objetivo de caracterizar las aguas subterráneas de la cuenca y detectar los posibles casos de contaminación.
 


Manantial de afloramiento de aguas subterráneas

El proceso de contaminación de un acuífero es lento, principalmente debido al lento ritmo de renovación de las aguas subterráneas. Además, una vez contaminadas, su depuración es complicada, lenta y costosa. Los procesos naturales de autodepuración son limitados, consisten en filtrados a través del subsuelo, además de procesos naturales de neutralización, oxidación, reducción, etc. que degradan los agentes contaminantes, los cuales siempre dependen de la geomorfología del terreno. Por ejemplo, los terrenos arcillosos son más resistentes a la contaminación que los calcáreos. Por otro lado, los procedimientos forzados se basan principalmente en extraer el agua para su depuración y posterior inyección al terreno.

Ya que es imprescindible el empleo de estos recursos subterráneos en muchas zonas, la mejor manera de preservarlos es a través de una gestión coordinada que garantice una explotación racional, realizando controles sobre la calidad de las aguas y los posibles focos contaminantes.

Redacción Ambientum

Versión para Imprimir
atrás

SUBIR

Revista Ambientum home | articulos | ambientum | tarifas © ambientum 2003