Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 6 por ciento de las
enfermedades degenerativas se deben a una mala alimentación. La
importancia de comer bien no sólo radica en combinar adecuadamente
los diferentes grupos de alimentos en nuestra dieta sino en consumir productos
de calidad. Aquí podría ayudar, y mucho, la comida ecológica,
que nos permite conocer de forma exacta lo que estamos ingiriendo.
Las personas que optan por una dieta ecológica buscan, en realidad,
salud. Entienden este tipo de alimentación, basada en productos
no industrializados libres de químicos, como "medicina"
para conseguir un bienestar interior que se refleje también a nivel
exterior.
El empleo de los términos biológico, ecológico, biodinámico
u orgánico está regulado por la ley y reservado a los productos
agrarios y alimenticios certificados bajo la normativa vigente, aunque
en ocasiones autoriza que algunos alimentos utilicen el término
de "natural" en su denominación. Este es el caso del
yogur, el café y el agua mineral, entre otros. Sin embargo, ciertos
productos emplean este término como un reclamo publicitario asociado
a una mayor calidad. Muchos de los productos denominados "bio"
que encontramos en el mercado no proceden de la agricultura ecológica.
Quesos, mantequillas, galletas o leche que encontramos habitualmente en
los supermercados con la palabra "bio" en su etiqueta no son
de origen biológico sino que contienen bífidus. Hay que
fijarse bien porque son dos cosas muy distintas y constituye la principal
razón por la que diversas asociaciones ecológicas han denunciado
el hecho. Estas acciones, sin duda, tienen sus efectos, y el pasado 21
de enero Snack Ventures S.A. tuvo que retirar del mercado la gama de productos
chips que comercializa con el nombre de "Lay's Mediterráneas"
por publicidad engañosa. Un juez de Barcelona dictaminó
que poner en el envase de este tipo de patatas "elaborado con aceite
de oliva" resultaba inexacto puesto que sólo representa un
2 por ciento del total de la composición del producto. La misma
empresa reconoció que las patatas no están fritas con aceite
de oliva sino con aceites vegetales y que el de oliva "se añadía
como puro de condimento".
Por
eso, ahora muchas marcas están obligadas a especificar en los envases
de sus productos una explicación más exacta sobre ese presunto
origen.
Existe una amplia gama de alimentos biológicos sobre los que se
asienta la dieta ecológica: frutas, hortalizas, legumbres, elaborados
(aceites, cereales, pastas, refrescos, etc.), lácteos y carnes.
También existen numerosas corrientes dentro de este tipo de dieta,
como el naturismo, el crudivorismo, la macrobiótica, etc. La cocina
ecológica integral es quizá la que reúne los principios
más relevantes de todas y la más practicada, basada en el
consumo de cereales integrales, legumbres y sus derivados (son fundamentales
los procedentes de la soja: tofo, miso y salsa de soja) y las verduras
terrestres y marítimas (algas). Estos principios los complementan
con brotes germinados, jugos de frutas y verduras, semillas, aceites
de primera presión en frío y el consumo de fermentos como
el chucrut de fermentación natural. También son partidarios
del consumo de carne, lácteos y pollo de origen orgánico
y especialmente de pescados de mar, puesto que aportan ácidos grasos
esenciales omega 3 y 6.
Los
productos denominados biológicos proceden de la agricultura y ganadería
ecológica. La primera nace con el objetivo de cultivar productos
de máxima calidad nutritiva a partir de técnicas tradicionales
que respetan el medio ambiente y conservan la fertilidad del suelo sin
utilizar productos químicos-sintéticos. Y la segunda se
crea a partir de animales de razas autóctonas del país,
controlados desde su origen a base de leche materna hasta los ocho meses
y con alimentos que no utilizan no grasas, ni harinas de origen animal
ni aditivos de ningún tipo para su proceso de crecimiento o engorde.
Todos los productos ecológicos pasan por unos estrictos controles
de seguridad alimentaria, por parte de autoridades regionales como europeas,
e incorporan un sello de calidad que certifica la autenticidad de su origen.
El
consumo de alimentos ecológicos no está, ni muchos menos,
masificado. El principal obstáculo que debe salvar la comida biológica
es su elevado precio. La diferencia económica entre los alimentos
convencionales y los ecológicos es abismal en muchos casos, por
lo que las personas que se sienten atraídas por este tipo de dietas
y no disponen de un presupuesto holgado para hacer la compra deben resignarse
a adquirir productos convencionales que utilizan la palabra "natural"
o "bio" en sus etiquetas de manera.
El precio de este tipo de comida es elevado porque, en primer lugar, se
trata de un cultivo alternativo y minoritario que requiere todavía
un gran número de intermediarios, y, en segundo lugar, porque la
distribución se realiza todavía en establecimientos especializados
y no en grandes centros comerciales o tiendas de alimentación convencional.
Aunque es cierto que cada vez son más las grandes superficies que
dedican un espacio a este tipo de productos, todavía no es lo suficiente
como para abaratar costes y acercar estos alimentos a los consumidores.
Con el objetivo de poner al alcance de la mayoría el consumo habitual
de la comida ecológica, es necesario reducir el precio de estos
productos. No se trata de equiparar precios con los alimentos convencionales
sino de situarlos en unos niveles aceptables y asequibles, puesto que
muchas personas están dispuestas a pagar un poco más por
un producto que saben está elaborado de manera natural, sin pesticidas
ni productos químicos. Como en tantos otros ámbitos de la
vida actual, se empieza a valorar mucho más la calidad que la cantidad,
pero esto no significa que los consumidores estén dispuestos a
pagar el doble por productos ecológicos: un tetrabrik de leche
de soja en un supermercado es tres veces más barato que en una
tienda especializada.
Una
prueba de que el mercado de la comida ecológica y el número
de personas interesadas por una alimentación sana es cada vez mayor,
se encuentra en la proliferación de ferias especializadas en productos
ecológicos. Así, el Salón Internacional de Alimentación
y Bebidas "Alimentaria", que tiene lugar en Barcelona, es la
mayor feria de España de este tipo y la tercera a nivel mundial.
A la última edición, acudieron 141.000 profesionales de
80 países para conocer las empresas que operan en este sector,
incluidas las de productos ecológicos. La próxima cita con
Alimentaria será entre los días 8 y 12 de marzo del año
2004.
Otro espacio dedicado a la alimentación biológica es el
Salón Internacional de los Productos Alimentarios, Vinos y Bebidas
con Indicación de Calidad y Alimentos Ecológicos, que tendrá
lugar entre los días 26 al 29 de marzo de este año en La
Rioja. Esta feria albergará a todos los agentes del sector (agricultores,
productores, consejos, agrupaciones, consumidores e instancias políticas)
con el objetivo de promocionar y difundir los productos de producción
ecológica de calidad, que cada día cuentan con mayor aceptación
por parte de los consumidores.
Otra cita ineludible para los amantes de la cocina ecológica es
BioCultura 2003, que tendrá lugar en Barcelona del 16 al 19 de
mayo. Más de medio millar de empresas y entidades se reunirán
para ofrecer al público nuevos productos e interesantes propuestas
respetuosas con el medio ambiente.
Productos
españoles que salen de nuestras fronteras:
Todas las comunidades autónomas españolas se han concienciado
con el medio ambiente y la mayoría dedica una parte de su economía
a la exportación de productos ecológicos. Galicia, por ejemplo,
ha sido la primera comunidad autónoma española en vender
leche ecológica a países extranjeros. La demanda de este
producto se ha disparado en los últimos meses y la leche orgánica
gallega ha aprovechado el tirón para competir en el mercado extranjero.
Otro caso es el de las Islas Baleares, que han apostado por la exportación
de vino y confitura biológicas.
|