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principios
más relevantes de todas y la más practicada, basada
en el consumo de cereales integrales, legumbres y sus derivados
(son fundamentales los procedentes de la soja: tofo, miso y salsa
de soja) y las verduras terrestres y marítimas (algas). Estos
principios los complementan con brotes germinados, jugos de frutas
y verduras, semillas, aceites de primera presión en frío
y el consumo de fermentos como el chucrut de fermentación
natural. También son partidarios del consumo de carne, lácteos
y pollo de origen orgánico y especialmente de pescados de
mar, puesto que aportan ácidos grasos esenciales omega 3
y 6.
Los
productos denominados biológicos proceden de la agricultura
y ganadería ecológica. La primera nace con el objetivo
de cultivar productos de máxima calidad nutritiva a partir
de técnicas tradicionales que respetan el medio ambiente
y conservan la fertilidad del suelo sin utilizar productos químicos-sintéticos.
Y la segunda se crea a partir de animales de razas autóctonas
del país, controlados desde su origen a base de leche materna
hasta los ocho meses y con alimentos que no utilizan no grasas,
ni harinas de
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origen
animal ni aditivos de ningún tipo para su proceso de crecimiento
o engorde. Todos los productos ecológicos pasan por unos
estrictos controles de seguridad alimentaria, por parte de autoridades
regionales como europeas, e incorporan un sello de calidad que certifica
la autenticidad de su origen.
El
consumo de alimentos ecológicos no está, ni muchos
menos, masificado. El principal obstáculo que debe salvar
la comida biológica es su elevado precio. La diferencia económica
entre los alimentos convencionales y los ecológicos es abismal
en muchos casos, por lo que las personas que se sienten atraídas
por este tipo de dietas y no disponen de un presupuesto holgado
para hacer la compra deben resignarse a adquirir productos convencionales
que utilizan la palabra "natural" o "bio" en
sus etiquetas de manera.
El
precio de este tipo de comida es elevado porque, en primer lugar,
se trata de un cultivo alternativo y minoritario que requiere todavía
un gran número de intermediarios, y, en segundo lugar, porque
la distribución se realiza todavía en establecimientos
especializados y no
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en
grandes centros comerciales o tiendas de alimentación convencional.
Aunque es cierto que cada vez son más las grandes superficies
que dedican un espacio a este tipo de productos, todavía
no es lo suficiente como para abaratar costes y acercar estos alimentos
a los consumidores.
Con
el objetivo de poner al alcance de la mayoría el consumo
habitual de la comida ecológica, es necesario reducir el
precio de estos productos. No se trata de equiparar precios con
los alimentos convencionales sino de situarlos en unos niveles aceptables
y asequibles, puesto que muchas personas están dispuestas
a pagar un poco más por un producto que saben está
elaborado de manera natural, sin pesticidas ni productos químicos.
Como en tantos otros ámbitos de la vida actual, se empieza
a valorar mucho más la calidad que la cantidad, pero esto
no significa que los consumidores estén dispuestos a pagar
el doble por productos ecológicos: un tetrabrik de leche
de soja en un supermercado es tres veces más barato que en
una tienda especializada.
Una
prueba de que el mercado de la comida ecológica y el número
de
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