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Continuamente los medios de comunicación se hacen eco de
los desastres naturales que asolan el Planeta. Este verano, las
inundaciones han tenido una especial relevancia en Centroeuropa
que asolaron países como Alemania, República Checa,
etc., o también, en fechas similares, en China o Rusia. Ciertos
sectores de la comunidad científica y la mayor parte de los
grupos ecologistas relacionan este tipo de fenómenos con
el cambio climático producido en la tierra a consecuencia
del efecto invernadero debido a la emisión de gases de combustión
como el CO2, aunque otros los engloban como fenómenos naturales
periódicos, quizás acrecentados por este efecto.
En
cualquier caso, las avenidas y crecidas de ríos han estado
históricamente muy unidas a la civilización humana.
Antiguamente se produjeron los principales asentamientos humanos
junto a mares y ríos, por lo que las crecidas habituales
de estos han sido desde hace siglos relativamente habituales en
las ciudades. Pero es a partir de la Revolución Industrial
cuando las ciudades crecen de forma incontrolada, construyendo viviendas,
fábricas, etc. en
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zonas
previsiblemente inundables y, con ello, las inundaciones comienzan
a producir considerables daños materiales y pérdidas
de vidas humanas. Frente a esta situación, las autoridades
comenzaron a gestionar sistemas que paliasen en la mayor medida
posible los efectos negativos del agua.
Para
evitar o disminuir los daños producidos por las inundaciones,
a la vez que adecuar los cauces de los ríos a su paso por
las grandes poblaciones existe, por un lado, la posibilidad de diseñar
y construir elementos estructurales capaces de absorber las crecidas
de los ríos y, por otro, desarrollar una gestión adecuada
que limite el tamaño de las crecidas y el daño de
las inundaciones. En cualquier caso, ninguna solución será
la panacea, pero sí la acción combinada de varias
de ellas, como por ejemplo los Planes Generales de Protección
contra las Avenidas de las cuencas del Júcar y Segura que
engloban varias soluciones. Aún así, la naturaleza
sorprende de forma esporádica con grandes crecidas que desbaratan
todas las previsiones realizadas en los cálculos de las estructuras
construidas y gestiones realizadas.
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En
lo que respecta a la construcción de grandes obras hidráulicas,
destacan la protección, corrección y regulación
de cauces, encauzamientos, embalses de laminación, cauces
de emergencia y trasvases.
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Efectos
de la crecida de un río.
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La
protección de cauces tiene por objeto salvaguardar de la
erosión los márgenes y puntos claves como puentes,
carreteras, etc. sin disminuir la velocidad del agua. Consiste en
la construcción puntual de
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