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  Edición noviembre 2002 - Publicación mensual del portal ambientum.com Versión para imprimir   Versión para imprimir
  Generalidades sobre la gestión contra las inundaciones

Continuamente los medios de comunicación se hacen eco de los desastres naturales que asolan el Planeta. Este verano, las inundaciones han tenido una especial relevancia en Centroeuropa que asolaron países como Alemania, República Checa, etc., o también, en fechas similares, en China o Rusia. Ciertos sectores de la comunidad científica y la mayor parte de los grupos ecologistas relacionan este tipo de fenómenos con el cambio climático producido en la tierra a consecuencia del efecto invernadero debido a la emisión de gases de combustión como el CO2, aunque otros los engloban como fenómenos naturales periódicos, quizás acrecentados por este efecto.

En cualquier caso, las avenidas y crecidas de ríos han estado históricamente muy unidas a la civilización humana. Antiguamente se produjeron los principales asentamientos humanos junto a mares y ríos, por lo que las crecidas habituales de estos han sido desde hace siglos relativamente habituales en las ciudades. Pero es a partir de la Revolución Industrial cuando las ciudades crecen de forma incontrolada, construyendo viviendas, fábricas, etc. en

zonas previsiblemente inundables y, con ello, las inundaciones comienzan a producir considerables daños materiales y pérdidas de vidas humanas. Frente a esta situación, las autoridades comenzaron a gestionar sistemas que paliasen en la mayor medida posible los efectos negativos del agua.

Para evitar o disminuir los daños producidos por las inundaciones, a la vez que adecuar los cauces de los ríos a su paso por las grandes poblaciones existe, por un lado, la posibilidad de diseñar y construir elementos estructurales capaces de absorber las crecidas de los ríos y, por otro, desarrollar una gestión adecuada que limite el tamaño de las crecidas y el daño de las inundaciones. En cualquier caso, ninguna solución será la panacea, pero sí la acción combinada de varias de ellas, como por ejemplo los Planes Generales de Protección contra las Avenidas de las cuencas del Júcar y Segura que engloban varias soluciones. Aún así, la naturaleza sorprende de forma esporádica con grandes crecidas que desbaratan todas las previsiones realizadas en los cálculos de las estructuras construidas y gestiones realizadas.

En lo que respecta a la construcción de grandes obras hidráulicas, destacan la protección, corrección y regulación de cauces, encauzamientos, embalses de laminación, cauces de emergencia y trasvases.

Efectos de la crecida de un río.

La protección de cauces tiene por objeto salvaguardar de la erosión los márgenes y puntos claves como puentes, carreteras, etc. sin disminuir la velocidad del agua. Consiste en la construcción puntual de

  Agua
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