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Los procesos de depuración de aguas residuales urbanas consisten
en tratamientos físico-químicos destinados a retirar
del caudal de agua la fracción contaminante, principalmente
formada por una alta concentración de materia orgánica.
De este proceso resultan dos efluentes principales, el agua depurada,
eliminada por vertido directo a cauces próximos o al mar
y, el fango que, tras su fermentación anaerobia y deshidratación,
produce un lodo con un contenido de humedad entre el 60 y 80%. Estos
admiten varios tratamientos; compostaje y posterior empleo como
fertilizante, eliminación en vertedero controlado y valorización
energética. En cualquiera de estos casos el paso previo será
su deshidratación, o sea, la separación de las fracciones
sólida y líquida, de tal modo que aumente la concentración
del fango disminuyendo su volumen.
Al
efecto de conseguir esta deshidratación, los fangos se someten
previamente a la salida de las depuradoras, a filtros prensa, centrífugas,
etc. con lo cual se consigue retirar parte del agua contenida en
los mismos. Por otro lado, la aparición de lodos
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procedentes
de depuradora de aguas residuales va a aumentar. Según la
Directiva 91/271/CEE sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas,
España se encuentra por debajo de los límites estipulados.
Esto conllevará la aparición de unas 500.000 toneladas
de Iodos de depuración, que habrá que depurar y deshidratar.
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EDAR.
Estación Depuradora de Aguas Residuales
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El
agua contenida en los fangos se encuentra básicamente en
dos formas; agua de dilución en una proporción aproximada
del 60-70% y agua contenida
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en la propia estructura molecular de los fangos, o sea, agua de
hidratación coloidal, capilar y celular. La primera forma
acuosa puede ser retirada mediante sistemas mecánicos de
prensado y filtrado, pero para el segundo es preciso aplicar mayor
energía como el secado térmico.
En
cualquier caso, el fango debe ser sometido a un acondicionamiento
previo que asegure el correcto funcionamiento del posterior tratamiento.
En la práctica existen dos métodos; el químico
y el térmico. El primero consiste en romper la estabilidad
coloidal de la disolución y aumentar el tamaño y peso
de las partículas, mientras que el segundo consiste en aportar
calor para retirar el agua por evaporación.
El
acondicionamiento químico de los fangos consiste en aglomerar
las partículas disueltas en largas cadenas de partículas
en suspensión unidas entre sí, flóculos, de
tal modo que facilite posteriores procesos de decantación
o filtración. Los flóculos se consiguen agregando
reactivos floculantes, como cloruro férrico, cal, sales ferrosas
y de aluminio y manteniendo la mezcla en
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