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Muy recientemente ha aparecido en los periódicos la noticia
a cerca de la intención de la Comisión Europea de
denunciar a España y, por extensión al ejecutivo catalán,
por haber incumplido cuatro directivas al no tomar medidas para
evitar la contaminación provocada por purines procedentes
de granjas porcinas catalanas, ocultar el problema y no informar
sobre la toxicidad del agua procedente de acuíferos en una
zona que abarca 132 municipios, especialmente en las comarcas del
Baix Empordá y Alt Empordá en la cuenca del Ter, donde
se han llegado a medir 300 mg/l de nitratos, cuando el máximo
permitido por la Organización Mundial de la Salud es de 50
mg/l.
Ante
esta situación, la Generalitat de Catalunya va a exigir a
todas las granjas porcinas elaborar planes de eliminación
de purines sin contaminación de aguas. Además, se
ha comprometido a subvencionar la construcción de equipamientos
destinados a su tratamiento y el cierre de aquellas granjas que
no puedan ocuparse de sus purines.
La
problemática surge de las granjas que, en realidad, son grandes
explotaciones
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Lleida
acoge gran cantidad de granjas porcinas
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ganaderas,
donde conviven varios cientos de animales, cuyo objetivo principal
es el engorde y venta para consumo humano a gran escala. Normalmente
estas instalaciones cuentan con una alta densidad de individuos,
o sea, muchas cabezas de ganado en un espacio relativamente reducido.
Esta claro que en estas explotaciones, uno de los problemas generados
es la gestión de los residuos sólidos y líquidos
producidos por estos animales que, de ningún modo, pueden
convertirse en abono de forma
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natural,
como se hacía antaño, debido a la cantidad de producción
de residuos obtenida.
La incorrecta gestión de estos residuos, purines, en una
granja puede plantear serios problemas, tanto sanitarios para los
animales y personas que trabajan en la explotación, como
medioambientales en el entorno, principalmente debido a la aparición
de malos y fuertes olores procedentes de sustancias amoniacales
y sulfhídricas, aparición de plagas de insectos: moscas,
mosquitos, gusanos y otro tipo de insectos y parásitos, presencia
de determinadas bacterias: estreptococos, estafilococos, hongos,
algas, etc., suciedad general, contaminación de suelos, aparición
de gases: bencenos, sulfatados, etc., y, por supuesto, contaminación
de los cauces donde son vertidos o de los acuíferos donde
son filtrados.
Los
datos de producción de ganado porcino en España son
elocuentes; en la actualidad existen aproximadamente 20 millones
de individuos, lo que sitúa a España en el segundo
puesto, detrás de Alemania, en producción en el ámbito
de la Unión Europea, con casi un 20% del
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