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  Edición julio 2002 - Publicación mensual del portal ambientum.com Versión para imprimir   Versión para imprimir
  Vender los usos y no las cosas. Hacia un marketing más ecológico

Los países industrializados constituyen sólo el 20% de la población, pero consumen el 80% de los materiales vitales. El estilo de vida de las sociedades más ricas, con sus coches, comidas de alto contenido en grasas, aparatos de aire acondicionado, y productos y envases de usar y tirar, se mantiene con un alto coste ambiental.

Nuestro elevado consumo pocas veces se cita como causa directa del deterioro del medio ambiente. Y es que los patrones de consumo actuales de los países industrializados suponen el uso insostenible de materiales vírgenes. Es necesario pasar a una economía sostenible basada en el menor uso de materiales, su reutilización y reciclaje. Es más: es preciso pasar de la mentalidad empresarial actual preocupada de vender productos a una nueva concepción basada en vender servicios, o lo que se está empezando a denominar "venta funcional" o venta "de la función".

Un ejemplo de "venta funcional" sería el programa "pagar por lavar" que ha lanzado Electrolux. Un análisis del ciclo de vida de las lavadoras realizado por Electrolux demostraba que la mayoría de

los impactos ambientales ocurren cuando el aparato está en uso. ¿Cómo puede la empresa controlar el uso de su equipamiento cuando está en manos del consumidor?

Electrolux ha puesto en marcha un programa piloto en la isla sueca de Gotland, conectando 7.000 lavadoras domésticas para realizar un seguimiento de su uso.

Los participantes en esta iniciativa no pagan a Electrolux por las lavadoras, sino por las veces que lavan su ropa. De este modo el consumidor tiene un incentivo para lavar más eficientemente, lo que supone un ahorro de energía y de agua. Después de 1.000 lavados, el cliente puede cambiar su lavadora por otra nueva.

Más que diseñar, producir y consumir más y más productos nuevos, deberíamos crear nuevos bienes desmaterializados y vías alternativas para la venta de servicios al usuario. Lo que el consumidor quiere de estos productos no es su propiedad sino el servicio que el producto proporciona: el transporte, de un coche; las noticias o el entretenimiento, de la

televisión, etc. Conceptos como 'compartir un producto', 'uso comunitario', 'múltiples usos' o 'leasing medioambiental' podrían representar un paso en esa dirección.

Bajo este sistema de producto inteligente, los productos no serían vendidos al comprador, sino que serían arrendados: la propiedad del bien la mantendría el fabricante. De esta manera, al comprar un frigorífico o un coche, el consumidor lo que adquiriría sería la licencia para usar y operar con el artículo. Esta licencia podría ser transferida o vendida a otros clientes. El producto nunca podría ser tirado como residuos sino que sería devuelto al fabricante o al distribuidor. Los distribuidores se convertirían así en centros de devolución o de retorno de los artículos no necesarios o en centros para la renovación o cambio de los productos anticuados. En estos momentos la mayor parte de estos productos. frigoríficos, teléfonos, lavadoras, automóviles, televisores, etc, no se reciclan.

Los productos de servicio serían diseñados teniendo en cuenta su posterior desmantelamiento y reutilización, reciclaje o reprocesamiento. De este modo los fabricantes serían los

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