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Los países industrializados constituyen sólo el 20% de la población,
pero consumen el 80% de los materiales vitales. El estilo de vida
de las sociedades más ricas, con sus coches, comidas de alto contenido
en grasas, aparatos de aire acondicionado, y productos y envases
de usar y tirar, se mantiene con un alto coste ambiental.
Nuestro elevado consumo pocas veces se cita como causa directa del
deterioro del medio ambiente. Y es que los patrones de consumo actuales
de los países industrializados suponen el uso insostenible de materiales
vírgenes. Es necesario pasar a una economía sostenible basada en
el menor uso de materiales, su reutilización y reciclaje. Es más:
es preciso pasar de la mentalidad empresarial actual preocupada
de vender productos a una nueva concepción basada en vender servicios,
o lo que se está empezando a denominar "venta funcional" o venta
"de la función".
Un ejemplo de "venta funcional" sería el programa "pagar por lavar"
que ha lanzado Electrolux. Un análisis del ciclo de vida de las
lavadoras realizado por Electrolux demostraba que la mayoría de
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los
impactos ambientales ocurren cuando el aparato está en uso. ¿Cómo
puede la empresa controlar el uso de su equipamiento cuando está
en manos del consumidor?
Electrolux ha puesto en marcha un programa piloto en la isla sueca
de Gotland, conectando 7.000 lavadoras domésticas para realizar
un seguimiento de su uso.
Los participantes en esta iniciativa no pagan a Electrolux por las
lavadoras, sino por las veces que lavan su ropa. De este modo el
consumidor tiene un incentivo para lavar más eficientemente, lo
que supone un ahorro de energía y de agua. Después de 1.000 lavados,
el cliente puede cambiar su lavadora por otra nueva.
Más que diseñar, producir y consumir más y más productos nuevos,
deberíamos crear nuevos bienes desmaterializados y vías alternativas
para la venta de servicios al usuario. Lo que el consumidor quiere
de estos productos no es su propiedad sino el servicio que el producto
proporciona: el transporte, de un coche; las noticias o el entretenimiento,
de la
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televisión,
etc. Conceptos como 'compartir un producto', 'uso comunitario',
'múltiples usos' o 'leasing medioambiental' podrían representar
un paso en esa dirección.
Bajo
este sistema de producto inteligente, los productos no serían vendidos
al comprador, sino que serían arrendados: la propiedad del bien
la mantendría el fabricante. De esta manera, al comprar un frigorífico
o un coche, el consumidor lo que adquiriría sería la licencia para
usar y operar con el artículo. Esta licencia podría ser transferida
o vendida a otros clientes. El producto nunca podría ser tirado
como residuos sino que sería devuelto al fabricante o al distribuidor.
Los distribuidores se convertirían así en centros de devolución
o de retorno de los artículos no necesarios o en centros para la
renovación o cambio de los productos anticuados. En estos momentos
la mayor parte de estos productos. frigoríficos, teléfonos, lavadoras,
automóviles, televisores, etc, no se reciclan.
Los productos de servicio serían diseñados teniendo en cuenta su
posterior desmantelamiento y reutilización, reciclaje o reprocesamiento.
De este modo los fabricantes serían los
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