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En la actualidad, se está llegando al límite de la capacidad de
los ecosistemas para regenerarse de la contaminación producida por
el hombre. Un tercio del total de la contaminación generada a escala
mundial procede del proceso de producción de electricidad. El desarrollo
de las fuentes renovables de energía es deseable y necesario. El
viento es una fuente de energía natural, renovable y no contaminante.
La generación de electricidad a partir del viento no produce gases
tóxicos, ni contribuye al efecto invernadero, ni a la lluvia ácida.
No origina productos secundarios peligrosos como radiación ionizante
ni residuos radiactivos. Cada kWh de electricidad generada por energía
eólica, en lugar de carbón, evita la emisión de aproximadamente
un kilogramo de dióxido de carbono a la atmósfera, si se hubiera
generado en una central térmica de gas o carbón. En un año de funcionamiento,
un aerogenerador ha producido más energía de la que se utilizó en
su construcción. Las consecuencias provocadas por la energía eólica
tienen efectos localizados y reversibles, que se pueden superar
mediante soluciones técnicas y no
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representan
un peligro serio para el medio ambiente, a diferencia de las fuentes
tradicionales de energía, cuyos impactos suelen ser generales, permanentes
y costosos en su eliminación.
Los posibles efectos de un proyecto eólico en el medio ambiente
deben ser analizados con la realización de un estudio de impacto
ambiental. En principio, las zonas naturales protegidas deberían
quedar al margen del desarrollo de la energía eólica.
El
impacto de una actividad en el medio presenta una mayor o menor
incidencia dependiendo de tres factores fundamentales: del carácter
de la acción en sí misma, de la fragilidad ecológica que tenga el
territorio donde va a llevarse a cabo la acción y de la calidad
ecológica que tenga el lugar donde se desarrolla el proyecto. Cuanto
más intensa sea la acción, más frágil sea el territorio y mayor
calidad posea, el impacto producido será mayor. El carácter de los
proyectos eólicos genera escaso impacto, por lo que, al evaluarlo,
deberemos centrarnos fundamentalmente en el análisis de los otros
dos puntos (fragilidad y calidad
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ecológica),
lo que requiere un estudio del lugar en que va a realizarse el proyecto.
No obstante, existen efectos comunes a las instalaciones eólicas
que pueden sintetizarse en los siguientes aspectos: impacto sobre
la flora, efectos sobre la avifauna, impacto visual y ruido.
Respecto a los efectos que el desarrollo de la energía eólica pudiera
tener sobre la flora, parece obvia su escasa influencia. Su cobertura
se verá modificada en la fase de construcción del parque debido,
principalmente, al movimiento de tierras en la preparación de accesos
al parque y la realización de cimentaciones para aerogeneradores
y edificios de control.
Dependiendo de las condiciones climáticas y de la magnitud de las
instalaciones eólicas pueden aparecer problemas de erosión, supuesto
que debe ser tenido en cuenta en las primeras fases de desarrollo
del proyecto, con vistas a realizar los pertinentes estudios de
hidrología y pluviometría, trazado de caminos, análisis de vaguadas
y cursos de agua, para así minimizar su incidencia. En cuanto al
segundo de los aspectos, se han realizado numerosos
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