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Los tratamientos de aguas residuales se encuentran hoy en día en
un alto grado de desarrollo. Para una población estándar, una depuración
consistente en un tratamiento primario con operaciones de desbastes
y desengrasantes, secundario con decantadores y terciario con tratamiento
biológico, y una línea de fangos es suficiente para obtener unos
resultados finales de alta calidad. Como en cualquier otro terreno,
todas las técnicas conocidas sufren pequeñas innovaciones y mejoras
que optimizan los procesos.
Uno de estos casos es el contactor biológico rotativo o, comúnmente
conocido como biodisco. Este sistema tiene aplicación como tratamiento
secundario de todo tipo de aguas con carga orgánica. Su principal
ventaja es el bajo consumo de energía y fácil mantenimiento. Surgen
a principios del siglo XX, desarrollándose definitivamente, tanto
en las aguas residuales industriales como urbanas, en los años 50,
en Alemania.
Su funcionamiento se basa en la rotación de un disco semisumergido
en el agua a tratar. Este movimiento provoca la
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transferencia
de oxígeno entre la atmósfera y la flora microbiana aeróbica adherida
a los rellenos contenidos en los discos. Esta, a través de procesos
bioquímicos, degrada y elimina la materia orgánica, consiguiendo
la depuración del agua.
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Biodisco.
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En
la actualidad, para usos urbanos, se emplea como una solución adecuada
para pequeños núcleos de población; entre 2.000 y 5.000 habitantes
equivalentes, ya que los costes de construcción y de mantenimiento
de depuradoras comunes pequeñas, referidos a número de habitantes,
pueden ser superiores que los
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de
las instalaciones mayores. En aguas residuales industriales, son
diversos los casos donde se emplean.
Además, se han realizado otras experiencias con los biodiscos en
el tratamiento de aguas residuales; ubicación en decantadores, convirtiendo
la parte superior en reactor biológico, y conservando la función
de decantación en la zona inferior, así como su incorporación en
reactores de plantas de fangos activados, con el objetivo de incrementar
su capacidad.
Las principales ventajas que presenta este sistema, encuadrado en
las denominadas tecnologías blandas, deriva de su simplicidad; ausencia
de personal especializado para el mantenimiento y control del proceso,
no es necesario controlar el oxígeno disuelto en el depósito de
tratamiento, da un nivel mínimo de ruidos, espumas, aerosoles y
olores, las dimensiones de los depósitos son menores que los utilizados
por otros procesos, el consumo energético es muy reducido y permite
acometer un proceso de nitrificación-desnitrificación con garantía
de buen funcionamiento.
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