y como señala el borrador, "solo se depositarán en vertedero residuos que hayan sido objeto de algún tratamiento previo".

Con estas premisas básicas, la generación de lixiviados se reducirá enormemente. Además se pretende que los líquidos obtenidos sean sometidos a un mayor control y tratamiento.


El volumen de lixiviados que se producen en un vertedero es muy variable según las condiciones medioambientales del entorno, tipo de residuo, etc. Dos de los aspectos que inciden más en la generación de lixiviados son la humedad de los residuos y la pluviosidad de la zona en donde se encuentra el vertedero. No olvidemos que agua de lluvia mezclada con lixiviados es considerada lixiviado.

Actualmente, en muchos vertederos los lixiviados no son controlados de un modo exhaustivo. A pesar de contar con balsas, canalizaciones y otros medios de control, una fracción se filtra en el terreno, contaminado el suelo. Como las velocidades de migración suelen ser muy

lentas, es después de algunos años cuando surge algún tipo de impacto ambiental a causa de la contaminación. Ante esta situación, no cabe la menor duda de que en algún momento ésta contaminación pueda afectar a los acuíferos.

Otra posibilidad de contaminación es la de las aguas superficiales; arroyos, ríos y otros cauces superficiales debido a fugas, desbordamientos, etc. de los sistemas previstos para su almacenamiento.

Está claro que la solución medioambientalmente correcta es el tratamiento de los lixiviados antes de su eliminación. Estos métodos son en realidad muy parecidos o casi los mismos que los aplicados a la depuración de las aguas residuales, con la salvedad de que los lixiviados tienen unas características adicionales que pueden alterar el tratamiento, principalmente la altísima carga orgánica que contienen.

Existen varios métodos para el tratamiento de estos líquidos, se puede realizar bien in-situ, o off-site. La elección del método dependerá de lo que sea más

fiable y adecuado dependiendo tanto de aspectos económicos como técnicos.

Hoy en día el tratamiento reconocido y más empleado es in-situ. Con él se obtienen, mediante la aplicación de varios tratamientos disponibles en el mercado, resultados bastante adecuados en el tratamiento de las aguas. Además, en los últimos años su elección está creciendo, sobre todo, debido a la subida de precios que las otras opciones están experimentando.

Los tratamientos off-site son básicamente el tratamiento en depuradoras de aguas residuales urbanas o industriales. Estas soluciones son aptas cuando no se cuenta con otra posibilidad y dichas instalaciones son capaces de admitir cargas orgánicas muy elevadas, aunque en poco caudal. La solución radica en la posibilidad de reducir esta concentración mediante dilución hasta un 10% como mínimo.

Los tratamientos in situ serán biológicos y/o físico químicos.

Los sistemas más simples están basados en la evaporación; natural o forzada.

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