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Estamos
en unas fechas en las que a todos nos gusta de alguna manera decorar
nuestra casa de forma alegre y divertida para festejar la Navidad.
Una bonita manera, aunque no nuestra sino importada, es instalar
en nuestra casa el imprescindible árbol de Navidad.
En la mayoría de los hogares donde se pone un abeto no se tiene
en cuenta que esta costumbre, en cierta manera, justifica la muerte
de un árbol, ya que éstos, una vez arrancados, aún con cepellón,
tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir.
Cuando se opta por un abeto natural, debe procurarse siempre que
este tenga un abundante cepellón en un macetón grande, con mantillo
y mantenerlo siempre regado, en un lugar amplio, con luz abundante,
evitando en las proximidades las zonas de calor como
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chimeneas,
calefacción, etc. Además, si pretendemos replantarlo, no debe permanecer
más de diez días en la casa.
Una
vez que ya no se necesita el árbol en la casa, es conveniente plantarlo
en zonas ajardinadas o en parques públicos y darles la opción de
crecer. A pesar de ser esta una salida a los abetos, tampoco es
la más adecuada, ya que estos precisan unas condiciones determinadas
que no todos los lugares cumplen, como son las exigencias de agua,
humedad ambiental, temperatura, etc.
De todas formas el negocio de los árboles de Navidad se ha convertido
en algo muy rentable. Cada vez hay más plantaciones y viveros especializados
para poder satisfacer la demanda que existe actualmente. Se puede
decir que estos viveros están dedicados casi exclusivamente a la
producción de
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Abeto
natural cultivado para Navidad.
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