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La
dieta básica del lince la compone el conejo, uno al día, aunque
en invierno, época de escasez de estos, pueden llegar a cazar ciervos
y muflones jóvenes, ánades, etc.
El hábitat natural del lince ibérico es el bosque y matorral mediterráneo,
entre los 400 y 900 metros de altura y siempre alejado de la presencia
humana. En el monte cerrado encuentra refugio y en las zonas de
matorral abiertas conejos, principal elemento de su dieta.
El tamaño del territorio es de unos 10 Km2 por individuo, oscilando
según la abundancia de presas. En la actualidad existen en la Península
Ibérica 48 áreas de reproducción aisladas y 32 áreas de presencia
ocasional, de distinta superficie, aisladas genéticamente por la
agricultura e infraestructuras: carreteras, ferrocarril, canales,
etc. Estas zonas suponen hoy en día el 2% del territorio nacional,
aproximadamente 14.000 Km2 en España y 700 Km2 en Portugal, distribuidos
mayoritariamente en Sierra Morena Oriental, Montes de Toledo Orientales
y
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Doñana
y, en menor grado, en Sierra de San Pedro y Sierra de Gata, Sierra
Morena Central y Occidental, así como localizaciones concretas de
las Sierras Béticas de Jaén y Granada. En Portugal, sus hábitats
naturales se encuentran en la Serra da Malcata, y en las montañas
del extremo sur del Algarve.
Hasta
los años 50, la presencia del lince era muy común por toda la península
ibérica. A partir de entonces y, sobre todo durante la década de
los 60, se produjo una gran reducción de la población y, en el año
1973 fue declarada especie protegida. Actualmente, el delito por
dar caza a un lince puede derivar en penas de cárcel.
La principal causa de este proceso de extinción es principalmente
la desaparición de los hábitats naturales; construcción de infraestructuras:
carreteras, embalses, ferrocarriles, etc., explotaciones forestales,
repoblaciones de pinos y eucalipto con fines industriales, etc.,
incendios forestales, ampliación de núcleos urbanos,
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construcción
de urbanizaciones aisladas, etc., a lo que hay que sumar las prácticas
ilegales de caza y los atropellos en carreteras.
A todos estos causas, además hay que añadir la reducción de la población
de conejos. Durante la citada década de los 60, la aparición de
enfermedades en la población de conejos, mixomatosis principalmente,
causó grandes estragos en esta población, además de la transformación
de su hábitat natural en campos de cultivo o explotaciones forestales.
Con todo ello, al disminuir el número de presas, disminuye el número
de depredadores.
En España ya contamos con una Estrategia Nacional de Conservación
para el Lince Ibérico. No se trata de un documento vinculante, pero
las Comunidades Autónomas afectadas, se basarán en ella para desarrollar
sus respectivos planes regionales de protección y recuperación de
la especie, que si son de obligado cumplimiento. Los objetivos de
este documento son el
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