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Poco
a poco, el hombre ha ido introduciéndose en los ecosistemas del
resto de especies del planeta, hasta el extremo de que actualmente
hay unas 18.000 especies animales en peligro de extinción en nuestro
planeta, de los cuales el 24 por ciento, una de cada cuatro, son
mamíferos y el 12 por ciento, una de cada ocho, son aves. Esta situación
no contempla las especies que a lo largo de los años han desaparecido
de nuestro planeta.
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La
desaparición de las diferentes especies lleva a la pérdida gradual
de biodiversidad, un proceso imparable y progresivo. De todas maneras,
aunque no se puede parar, si que se puede frenar, algo que no solo
favorece a los animales, sino que también favorece al hombre y mejora
su vida, tanto desde un punto de vista económico como social y filosófico.
La amplia diversidad asegura el soporte de muchas actividades de
ocio y turismo y amplia las posibilidades de investigación farmacológica,
química e industrial, lo que lleva a unos mejores niveles de calidad
de vida
Según estudios de "International Conservation", un 23'9% de los
sistemas biogeográficos o hábitats naturales de la Tierra ha sido
completamente transformado por la acción del hombre y un porcentaje
similar ha sufrido algún tipo de modificación; sólo el 51'9% de
las tierras emergidas se mantiene relativamente intacta, incluidas
las zonas heladas y los desiertos que suman más del 20% de esa cifra.
Las áreas más
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transformadas,
sin apenas restos de vegetación original y con grandes pérdidas
de diversidad biológica son Europa con sólo el 15'6% de sus hábitats
conservados, el Este de EEUU, China y el Sureste Asiático. América
del Sur, con el 62'5 de sus hábitats en buen estado, y Oceanía,
con casi igual porcentaje, son las zonas del planeta mejor preservadas.
Otras causas de la extinción de las diferentes especies son su explotación
para el beneficio del hombre, ya sea como las ballenas por su grasa,
las focas por su piel, los rinocerontes y elefantes por sus cuernos,
etc. El gran alce gigante se extinguió en el siglo XIX a consecuencia
de una caza excesiva, y el periquito de Carolina desapareció como
especie debido tanto a su caza como a la destrucción de su hábitat.
La introducción de enfermedades, parásitos y depredadores frente
a los que la flora y la fauna nativa carecen de defensas ha provocado
el exterminio o reducción importante de algunas
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