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furtiva,
envenenamiento de animales, contaminación de suelos y aguas, o acción
ilegal contra el medio ambiente: vertidos incontrolados, basureros,
cierre de caminos, edificaciones ilegales, obras sin licencia, talas,
roturaciones, desmontes, y avisar de los accidentes y desastres
naturales como incendios, inundaciones, derrumbamientos, roturas
de infraestructuras públicas.
La vigésima dice que hay que acomodar la conducción a las condiciones
climáticas del lugar y a las meteorológicas del momento, de las
que siempre podrá obtenerse información anticipada a través del
Instituto Nacional de Meteorología, a cualquier hora y para cualquier
zona de la geografía española.
La vigésima primera dice que hay que cumplir la normativa medioambiental
de las Comunidades Autónomas, las leyes generales del Estado y las
ordenanzas de los Municipios, sin pasar por donde esté
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prohibido hacerlo o a las horas en que lo esté, ni desobedecer las
indicaciones de agentes públicos, vigilantes o guardas con autoridad
para impartirlas.
La vigésimo segunda prohíbe disparar contra ningún animal desde
el vehículo, ni usarlo como medio de caza y menos de caza furtiva.
El automóvil no ha sido hecho para esa finalidad; y a la ética del
cazador le van poco los métodos ventajistas. Además, se trata de
infracciones castigadas por las leyes de caza, que también imponen
la pérdida del carné de conducir.
La vigésimo tercera es que cuando el coche haya concluido su vida
útil, por el paso de los años, por avería o por accidente, nunca
abandonarlo en el campo. Si tan buen compañero fue y tantos servicios
prestó, lo mejor sería depositarlo en un cementerio de automóviles
con gestión medioambiental controlada para que descanse en paz.
Eso
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es
lo que se merecen los coches con los que sus conductores vivieron
una parte de su historia; y lo que piden los campos de España, que,
sin merma de su belleza natural, esperan que otros nuevos los recorran
y sus ocupantes los disfruten.
La vigésimo cuarta es que hay que llevar siempre a mano en la guantera
del vehículo este manual para releerlo de vez en cuando, consultarlo
cuando haga falta y poder ofrecer su lectura a los acompañantes
y compañeros de excursión y travesías.
La vigésimo quinta y última dice que hay que divulgar estas pautas
de comportamiento entre familiares y conocidos.
Estas veinticinco normas hacen que pasear por los campos españoles
sea mucho más agradable.
Redacción
Ambientum
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