Manual ecológico del conductor de caminos

El Manual Ecológico del Conductor de Caminos es una lista de 25 normas que recomienda el Ministerio de Medio Ambiente para todo conductor que vaya por carretera o camino ya sea de montaña o campo a través.

La primera norma sería la de ir despacio, a velocidad sostenida y sin cambiar de marchas ni hacer giros bruscos, manteniendo un ritmo regular y continuo. De esta forma no se levanta polvo, no se arrancan piedras, sobre todo con neumáticos estrechos o de tacos, se evitan las escarbaduras sobre el piso y se reduce el ruido; a la vez que se eluden o reducen los atropellos de animales.

La segunda norma es alternar el paso de las ruedas por las diferentes zonas de rodadura, especialmente por los resaltes. En definitiva, cambiar las rodadas para no machacar siempre los mismos puntos como si fueran las vías del tren. De tal modo no se forman relejes, causa de los abultados lomos centrales, y se evitan las carriladas profundas, las mismas que luego se descarnan y erosionan con las

escorrentías del agua de lluvia haciendo de los caminos ramblas y arroyos más que vías de tránsito.

La tercera sería que hay que parar y bajarse a quitar las piedras sueltas, o desprendidas que se encuentre uno al paso, situándolas convenientemente a los lados, bien apartadas para no cegar las cunetas cuando las haya. No confiar siempre esta tarea a los que vengan después: "quien venga detrás que arree" no debe ser lema de un ecológico conductor de caminos, que no se escudará nunca en la idea de que por allí no va a volver a pasar.

La cuarta es arreglar con más detenimiento los deterioros producidos por la fuerza mayor y los debidos al paso del tiempo, para impedir que vayan a más: relleno de hoyos, recebo de los puntos más castigados en curvas y cuestas, reconstrucción de desagües, relleno de los baches y zonas blandas con piedras y grava. Todo ello hecho por sí mismo, cuando se pueda, o con la ayuda de otros si resulta necesaria.
La quinta es tomar conciencia de que hay que colaborar con quienes estén encargados del arreglo de los caminos, incluso cuando sean de titularidad pública, más aún si lo son de simple uso común. Colaboración que obliga en especial a quienes los utilizan, por lo que siempre serán pocas las labores y acciones preventivas para reducir el trabajo y los gastos de conservación.

La sexta aclara que nunca hay que salirse de los límites de un carril ya trazado, ceñirse a sus cembos, sin ensanchar sus calles ni hacer derivaciones, vías paralelas o desdoblamientos, que perjudican la capa vegetal y desorientan a otros usuarios.

La séptima recomienda no recortar ramas y arrancar arbustos para ensanchar el paso que el camino tenga, manteniendo el disimulo que la naturaleza le haya podido proporcionar, dejándolo tan desapercibido y camuflado como se encuentre.
   Home
Páginas 1, 2 y 3