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De
forma natural, el agua de mar contiene muy pequeñas concentraciones
de metales pesados: arsénico, cadmio, cromo, cobre, mercurio, níquel,
plomo y zinc, necesarios para el desarrollo de la vida marina. Cuando
estos elementos superan ciertas concentraciones, pasan de ser necesarios
a ser venenosos.
La
procedencia de estas sustancias es variada; industria mineras, metalurgia,
química, etc. La contaminación provocada deriva de su toxicidad
a determinadas concentraciones que supondrá la muerte por envenenamiento
de las especies que habiten el medio, su persistencia, ya que no
son biodegradables, permaneciendo en el medio durante muchos años,
y su acumulación en los seres vivos, comenzando por algunas algas
y, pasando a la cadena trófica, llegando incluso al hombre.
La contaminación por hidrocarburos procede principalmente del transporte
marítimo de crudo, ya sea en vertidos accidentales, limpieza de
sentinas y depósitos, cargas y descargas, etc., así como vertidos
directos al mar desde refinerías u otras actividades industriales.
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Emisario
de aguas residuales.
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Las
consecuencias de un vertido importante al mar son las mareas negras
que se extienden, debido al efecto del viento y las mareas, ocupando
grandes superficies. Esta gran mancha negra impide el intercambio
de gases y luz entre el mar y la atmósfera. Como consecuencia de
esto el plancton deja de existir y se anula la cadena alimenticia.
En lo que respecta a los animales de mayor porte, la capa grasa
que se produce, se adhiere a sus pelos y plumas, ocasionando grandes
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intoxicaciones
que fácilmente les provoca la muerte. En lo que respecta a la actividad
económica generada por el mar: pesca, turismo, etc., queda anulada.
Otra
consecuencia debida a la actividad humana es el calentamiento de
los mares. Recientes estudios han determinado que, provocado por
el efecto invernadero, la temperatura de los Océanos Atlántico,
Pacífico e Indico han aumentando en 0,06ºC. Lo que se desconoce
con exactitud es el efecto que en el futuro conllevará sobre los
distintos ecosistemas.
Además, debido a la enorme superficie de los mares y a su enorme
profundidad en muchos puntos, se les ha tomado en muchas ocasiones
como auténtico vertedero de multitud de residuos a los que no se
encuentra mejor solución. Entre todos ellos, los más destacados
por su peligrosidad son los residuos nucleares. A pesar de que en
el Convenio sobre Vertidos al mar de Londres de 1972 se prohibió
está práctica, la realidad es que hasta el año 1993, durante una
reunión consultiva de este convenio, no se prohibió definitivamente.
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