Desertificación de suelos

Según un informe presentado en la cuarta conferencia de las Naciones Unidas para la lucha contra la desertización, España es el país más árido de Europa. Junto a ella, Portugal, Italia, Turquía y Grecia forman el llamado grupo del Mediterráneo Norte, y están consideradas como las zonas más afectadas por la desertización en Europa. En todo el planeta, un 40% de la superficie sufre este problema, afectando aproximadamente a 250 millones de personas.

El problema de la desertización en España, viene coleando desde que a comienzos del siglo XX se produjese una expansión de la agricultura hacia zonas marginales y de monte, y como consecuencia se degradara las tierras originando una desertización histórica. En la actualidad, las condiciones del mercado tan extensivas y exigentes, sumado a algunas políticas agrarias, provoca una sobreexplotación del terreno y acuíferos, generando una nueva desertización.

Hoy en día, la desertización es el resultado de una agresiva deforestación y

degradación del medio que lleva consigo una total pérdida de la cubierta vegetal y de la fertilidad del suelo. España, aproximadamente, pierde anualmente mil millones de toneladas de suelo fértil, afectando, en mayor o menor grado, a prácticamente el 70% del territorio nacional.

Terrenos con signos de desertización.

La desertificación, cuando llega a ciertos límites se convierte en un problema medio ambiental, ecológico y económico de primera magnitud, que conlleva inundaciones, aterramientos de cauces y embalses, así como la destrucción y deterioro de infraestructuras.

Este problema, supone una amenaza para el medio ambiente y para el rendimiento agrícola en los lugares más afectados. Su origen puede ser de dos tipos; artificial, ocasionada por la actividad del hombre, denominada desertificación, normalmente fruto de una mala gestión de los suelos: sobreexplotación agraria, deforestación, etc., y natural, derivada de la sequía y otros fenómenos naturales. En cualquier caso, su primera consecuencia es la pérdida de vegetación del entorno, de fertilidad en el suelo y de calidad de las aguas.

Actualmente, a pesar de ser conscientes del serio problema que supone para los recursos naturales la desertización, los agricultores siguen sobreexplotando los

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