La causa de la celebración de este día es que el uso compulsivo del coche produce una grave contaminación del aire, suelo, edificios y acústica. La ocupación del espacio público por los vehículos es exageradamente desproporcionada, generando inseguridad en los desplazamientos, elevados costes de infraestructuras y mantenimiento, y hace la ciudad desagradable y hostil. El consumo de energías no renovables, aparte de elevado, es ineficiente tanto desde el punto de vista económico como del físico, puesto que sólo el dos por ciento de la energía consumida se aplica para desplazar a las personas. El coche privado, fuente de ingentes beneficios privados, también es responsable del 90% de la contaminación por CO2 de nuestras ciudades, y ocupa el 40% de la superficie urbana.

Otro de los problemas que quiere arreglar este día es el exceso de ruido que hacen los vehículos motorizados, y que según en el sitio que se esté pueden llegar a ser insoportables.

Vehículo eléctrico.

Otro problema que causan los coches, aunque más indirecto, es el atropello de decenas de peatones o ciclistas cada año, que llegan a sumar una importante cantidad de fallecidos.

Paulatinamente se ha venido asociando ese día a la reivindicación de la creación del carril bici, del que no disponen la mayoría de las ciudades,

y aunque lo tengan no se utiliza demasiado a causa de la ya mencionada contaminación producida por los coches, y por los riegos del trafico.

Los problemas ambientales que causa la industria del automóvil son de enorme importancia y los avances para su reducción son pocos y lentos. Uno de ellos, resuelto tecnológicamente, es el uso del vehículo eléctrico. La industria no presenta esta opción con fuerza y, por el momento, su uso no pasa de ser testimonial.

Días como estos nos salvan de la monotonía de la contaminación diaria, y así podemos disfrutar de la ciudad como se supone que tiene que ser, aunque solo sea uno o dos días al año.





Redacción Ambientum

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