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la
Comisión Europea adoptó una serie de medidas para controlar el tráfico
marítimo, un fondo de compensación para la contaminación por petróleo
y una Agencia Europea para la Seguridad Marítima. A través de estas
medidas se pretende que el medio ambiente marino y el litoral europeo
queden protegidos.
Las medidas preventivas adoptadas por la Comisión Europea se encaminan
hacia un control más estricto del tráfico marítimo, implantación
de sistemas de notificación de los buques que naveguen por aguas
europeas, incorporación de cajas negras similares a los aviones,
sistemas automáticos de identificación, etc., mejora de las compensaciones
por contaminación del litoral, creando un fondo de previsión financiado
por las empresas europeas importadoras de petróleo que cubran hasta
un billón de euros los daños ocasionados, actualmente 200 millones,
y, por último, el establecimiento de una Agencia Marítima Europea
de Seguridad, con el objetivo de elaborar normas de seguridad y
velar por su cumplimiento, así como apoyar a los estados miembros
en su aplicación y control.
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Por
otro lado, y para evitar los efectos devastadores de los naufragios,
encallamientos, colisiones, etc. la normativa internacional básica
obliga a partir del año 2015, actualmente solo lo recomienda, a
la construcción de buques con doble casco, entre otras medidas de
seguridad y calidad en la construcción.
Las medidas adoptadas por la Comisión Europea tienen una importancia
notable si tenemos en cuenta que la flota mundial industrial está
formada por unas 105.000 embarcaciones, de las que 40.000 son
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mercantes
que emplean hidrocarburos como medio de propulsión, a las que hay
que sumar 22.000 unidades militares, siguiendo estas cifras en aumento.
A pesar de todas estas medidas, existen los países con las denominadas
banderas de conveniencia; Liberia, Malta, Chipre, Panamá, etc. Estos
no han suscrito los acuerdos internacionales en materia naval, siendo
más económico y sencillo el conseguir en ellos las oportunas licencias
de navegación para los barcos. De este modo, además de obtener contraprestaciones
fiscales, las compañías navieras prescinden de la mayoría de medidas
de seguridad en los buques.
Ante lo expuesto no cabe duda de que el mar está seriamente en peligro.
Deben existir leyes internacionales que regulen el tráfico y el
uso marítimo. Por el bien económico de unos, el efecto de un desastre
puede ser muy perjudicial sobre una gran mayoría de población humana
y, totalmente devastador sobre la comunidad animal y vegetal del
entorno.
Redacción
Ambientum
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