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desequilibrios
ecológicos que se originan al mezclarse las dos aguas. Por ejemplo,
en el trasvase Tajo-Segura, se han producido varias introducciones
de especies. Así, han aparecido en la cuenca del Segura especies
como el pez rojo, el gobio, el calandino, etc.
Por último, la construcción del trasvase también conllevó consecuencias
sociales; la expectativa generada empujó a muchos agricultores a
realizar las inversiones necesarias para transformar campos de secano
en regadío. El resultado fue la transformación de miles de hectáreas
ilegales por encima de las 50.880 previstas. Diez años más tarde
estaban legalizadas más de 87.000, un 74% más del máximo previsto
como atendible, contando además con que la disponibilidad de caudales
de agua para riego se había reducido al 30%. Después de ver que
esta agua no podía abastecer de la forma que esperaban, tuvieron
que
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recurrir
a riegos de emergencia, con el uso de aguas subterráneas principalmente,
para no perder las tierras que tenían.
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De este modo, la aplicación de una ley que pretendía acabar con
los problemas de sequía, ha acabado multiplicando el déficit que
se pretendía resolver, motivando la demanda de nuevos trasvases
en un paradigmático ejemplo de crecimiento insostenible.
Hoy en día, la polémica del trasvase Tajo-Segura sigue en pie, al
añadir la del trasvase desde el Ebro. El objetivo perseguido es
muy loable, pero antes de su ejecución, hay que prever todas las
consecuencias posibles a todos los niveles, y conseguir una disciplina
en el uso y en la explotación de todos los usuarios.
Redacción Ambientum
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