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Es
bien sabido que en muchas zonas de la geografía española el agua
se va convirtiendo día a día en un bien cada vez más preciado y
escaso. Los usos que se hacen de este recurso son múltiples; consumo
humano, uso urbano, industria, riego agrícola, ocio, etc., debido
a lo cual, es necesaria la correcta gestión de este recurso frente
al aumento de la oferta de agua, implantando sistemas basados en
el uso racional de los recursos, evitando despilfarros y usos indebidos.
Dentro de estas líneas básicas de gestión se incluye el aprovechamiento
de un recurso acuífero muy básico; el agua procedente del tratamiento
de aguas residuales en una estación depuradora.
En la actualidad, el uso del agua depurada con diferentes fines
supone un 0,75% (270 hm/m3) de la demanda nacional, 270
hm/m3. El Plan Hidrológico Nacional incluye proyectos
de reutilización de aguas residuales que actualmente son vertidas
al mar, gracias a los cuales, se prevé conseguir un porcentaje de
uso en torno al 3% de la demanda nacional en el
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año
2012, lo que supone cuadriplicar el uso actual.
En las zonas en las que la escasez de agua es un problema, las aguas
de depuración deberían tener un papel fundamental, sobre todo para
aquellos usos donde no es imprescindible un alto grado de potabilización
y que, en la actualidad están consumiendo aguas para aptas para
consumo humano.
Los usos más adecuados a este tipo de aguas son de riego en zonas
verdes de las ciudades como parques, arboledas, césped, etc., riego
en cultivos, refrigeración industrial, estanques para uso recreativo,
fuentes ornamentales, recarga de acuíferos, etc.
Destaca el caso de la Costa del Sol, donde más del 50% del agua
destinada a riego de campos de golf es reciclada, procedente de
las depuradoras de Marbella, Fuengirola, Arroyo de la Miel y Guadalmansa,
lo cual supuso el año pasado un suministro de 2,5 millones de metros
cúbicos.
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El
uso del agua de depuración requiere, antes de su aplicación, la
valoración de su calidad, estudiando parámetros tales como el contenido
en sales, concentración de elementos potencialmente fitotóxicos,
como el cloro, el sodio y el boro, concentración de microorganismos
patógenos, nutrientes y compuestos orgánicos, es decir, hay que
hacer un exhaustivo estudio sobre todos los
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