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Básicamente
son tres los procesos térmicos que aceptan a los neumáticos usados:
A) Termólisis
y pirolisis controlada. Son procesos basados en la descomposición,
despolimerización y craqueo del caucho al someterlo a altas temperaturas.
Si el aporte energético es externo se produce la termólisis, y si
es interno por combustión del residuo, es la pirolisis. Se obtienen
negro de carbono, aceites bituminosos, coque y gases, que pueden
ser empleados como materia prima o combustibles, por lo que puede
considerarse también un proceso de reciclaje.
B) Incineración
con recuperación de energía. En instalaciones diseñadas al efecto
o como sustituto, triturado, del carbón, es frecuente el empleo
de neumáticos usados en centrales térmicas para cogeneración eléctrica.
La incineración a más de 1.000 ºC destruye completamente el neumático,
y minimiza las emisiones de dioxinas y furanos.
C)
Incineración en cementeras, donde se emplea en dos puntos, como
combustible
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en los hornos o en las torres de enfriamiento. Como resultado de
la combustión la fracción metálica se incorpora al "clinker", el
azufre a la cal y las cenizas a la escoria. Todo ello garantiza
la total eliminación del neumático.
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Planta
cementera.
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En
resumen, la política de gestión del residuo generado del uso de
neumáticos en vehículos debe ir encaminada a reducir el impacto
provocado por los mismos y maximizar el aprovechamiento de los mismos.
En este sentido, una correcta gestión debería seguir los siguientes
pasos:
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A nivel de fabricación aumentar las propiedades de resistencia
para prolongar su vida útil.
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En talleres y centros de sustitución de neumáticos implantar sistemas
de recogida, potenciar el recauchutado de aquellos neumáticos
que acepten este proceso, reciclar por alguno de los sistemas
descritos el mayor porcentaje posible de neumáticos.
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Por último, valorizar energéticamente en instalaciones adecuadas,
eliminando el vertido controlado de los mismos.
Redacción
Ambientum
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