A parte está la introducción accidental, ya sea de termitas dentro de muebles, arañas u otro tipo de insectos en huevos o diversos tipos de roedores como "polizones" en barcos. Afortunadamente, este tipo de "inmigrantes" ya son cosa del pasado, cuando los barcos u otros tipos de transporte no pasaban los suficientes controles de sanidad, aunque actualmente siguen pudiendo pasar camuflados en alimentos, muebles o plantas.

De todas maneras, la introducción de especies donde nunca estuvieron también tiene su parte buena si esto se usa, premeditadamente y bajo control, para mejorar la biodiversidad, aumentar las especies en una zona determinada o intentar la reintroducción de especies

extinguidas. Estas operaciones deben hacerse con mucho cuidado y teniendo en cuenta los diversos factores que confluyen en el área y en especial el medio o el resto de especies que lo habitan.

Para evitar la desaparición de más especies haría falta que tomáramos conciencia de este fenómeno y le regalásemos a nuestros hijos ese perro que siempre quisieron en vez de ese loro tan raro o aquella tortuguita que vimos en las vacaciones.





Redacción Ambientum

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