Las dioxinas comenzaron a producirse en la década de 1930. Sus usos más frecuentes estaban en el campo de los aislantes y refrigerantes en baterías y transformadores.

No se trata de un producto industrial, sino de un subproducto químico al elaborarse otros.

La historia de los efectos de las dioxinas en la salud humana comienzan a detectarse en 1949 con una explosión ocurrida en la planta química de Monsanto en Nitro, Virginia EE UU, donde fabricaban el herbicida 2,4,5-T, que estaba contaminado con dioxinas. Sin embargo, estas sustancias son quizás más conocidas por la exposición de los soldados americanos y de la población vietnamita durante la Guerra de Vietnam entre 1962 y 1971, al Agente Naranja, mezcla de los herbicidas 2,4,5-T y 2,4-, contaminado con dioxinas. La superficie destruida llegó al millón y medio de hectáreas.

El 10 de julio de 1976 se produjo un accidente de una planta de fabricación de

tricloroetano con destino a la indústria cosmética. La instalación se encontraba próxima a la localidad italiana de Seveso. El inicidente provocó el escape de "únicamente" 2 kilos de gas de extrema toxicidad y de gran persistencia en el ambiente. Se produjo una gran nube que liberó al ambiente, miles de gramos de dioxinas.

Trece años después del accidente que mató a 73.000 animales domésticos y obligó a la evacuación de 700 personas, se han documentado aumentos en la frecuencia de cánceres de la sangre y del

sistema linfático entre la población afectada.


En el año 1999 los consumidores españoles vimos comprometida nuestra salud con las dioxinas que fueron introducidas en los piensos de consumo animal por una manipulación incorrecta de materias primas contaminadas, a través de las cuales finalmente infectaron los pollos belgas.

Ante el desconcierto y pánico de la población en general, fueron retiradas las aves presuntamente contaminadas por un producto químico altamente tóxico que, a pesar de los controles y de la legislación existente, no evitaron su aparición en concentraciones que podían resultar cancerígenas si se consumía de manera continuada carne de pollo, huevos y los productos elaborados con los mismos.

La exposición del ser humano a las dioxinas puede darse por ingestión a través de la alimentación, por inhalación respirando habitualmente, o por absorción en contacto con la piel, en la

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