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Tradicionalmente,
el valor del agua se ha restringido a su valor productivo, tanto
agrícola, industrial o de consumo urbano en general. El agua ha
sido únicamente un elemento útil para determinadas funciones que,
una vez empleado, podía verterse a su cuenca de procedencia sin
importar sus otros valores añadidos, principalmente de carácter
ambiental y social. Hoy en día esta visión del valor de este importantísimo
recurso natural no tiene validez, debiendo considerar esos otros
aspectos mencionados.
En principio, el valor intrínseco del agua, considerando sus usos
reales, debe basarse en el uso que se hace del agua. Desde estos
aspectos, el valor de agua se ceñiría a la amortización de grandes
infraestructuras para su captación y distribución, sistemas de gestión,
e instalaciones de potabilización y depuración.
A estos costes básicos debe añadirse el valor derivado de su utilidad:
calidad del
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agua
más un uso potencial, y su disponibilidad, abundancia o escasez.
Además de estos conceptos, relativamente sencillos de cuantificar,
debe incluirse un valor relativo, no cuantificable económicamente,
pero de gran valor desde el punto de vista ecológico y de conservación
del entorno. Este valor se refiere a la función medioambiental del
agua, su importancia en el entorno y los servicios ambientales que
brinda. En conjunto, forma un complejo tramado que repercute directamente
en la calidad de vida y en la salud de la población.
El valor productivo del agua ha variado según se han desarrollado
sus propios usos. Por un lado el uso urbano e industrial. Está claro
que la tendencia es que la tarifa o canon de consumo debe referirse
principalmente al caudal consumido, determinando además, con vistas
a fomentar el ahorro particular, unos parámetros o umbrales básicos
a partir de los cuales el precio se
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multiplicase.
De este modo, cada usuario, particular o empresarial tendería a
su propio ahorro y a evitar el despilfarro.
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Depuradora
de aguas.
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Está claro que este concepto productivo es un valor local, depende
de las características del territorio. Estos conceptos son, por
ejemplo, la facilidad de acceso al agua según la zona sea seca
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