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El pasado 21 de junio, el Pleno del Senado aprobó, de forma definitiva,
el Plan Hidrológico Nacional, tras un año de tramites, negociaciones
y debates. Pese a la inmensa polémica desatada, hemos de admitir
que es un hecho histórico para nuestro país.
El Gobierno ha rechazado las 559 enmiendas parciales presentadas,
así como cuatro vetos a la totalidad.
El Plan entrará en vigor a finales de julio, una vez se publique
en el Boletín Oficial del Estado.
Pese a su aprobación, la polémica continua y los detractores anuncian
que "la batalla empieza ahora", incluyendo recursos ante el Tribunal
Constitucional, denuncias en los foros europeos y otras medidas
de presión.
Aparentemente el Plan debía haberse enriquecido con un mayor contraste
y un mayor debate que garantice una mayor participación y un mayor
compromiso social. El desarrollo del Plan va a precisar
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El
problema del agua es antiguo en España.
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de
muchos pequeños acuerdos, reajustes, definiciones de detalle, etc.
que serían más fáciles de realizar con un gran consenso de toda
la sociedad. El Gobierno no ha conseguido aún que el Plan
hidrológico sea un objetivo nacional, querido y deseado por
todo el mundo, pero la técnica, la prudencia y el tiempo facilitarán
que lo que ahora es discutible sea en su desarrollo aceptado, lógico
y positivo.
El Plan Hidrológico Nacional, aunque pleno de controversias, es
un gran avance en la resolución de la política hídrica de nuestro
país. Los beneficios pesan mucho más que los perjuicios que, por
otro lado, no debemos dudar que se tratarán con la máxima consideración
para llevarlos a su nivel mínimo.
Las inversiones del Plan hidrológico serán una buena ayuda
para la actividad empresarial de todo el país. Aragón precisará
para el Plan director del Ebro, conservación y recuperación del
cauce y del río, presas y embalses y otros tipos de obras valoradas
en 426.000 millones
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