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El
hombre, desde el origen de los tiempos, uso el fuego para intentar
"ordenar" la naturaleza. Aclarar bosques y mantener terrenos limpios,
para usarlos como tierra cultivada, o como pastizales y prados para
la ganadería fueron los objetivos que nuestros antepasados buscaron
con los incendios provocados.
Hoy en el sur de Europa y en algunas zonas de la antigua Unios Soviética
el fuego es uno de los problemas con que se enfrenta la gestión
forestal, aunque también es una técnica, utilizada en Escandinavia,
para mantener la diversidad ecológica.
Francia,
Grecia, Italia, Portugal y España sufren más de la mitad
de los incendios forestales y muchos de nuestros paisajes son consecuencia
directa de los mismos. La excesiva frecuencia de los incendios no
permite su regeneración natural y aparecen los problemas de erosión
en los terrenos, degradándose los bosques a matorrales.
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Incendio
forestal.
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El fuego afecta a la fauna y flora de un ecosistema al romper su equilibrio
natural. Existen muchos estudios que han deducido efectos negativos
en el jabalí, el ciervo, el corzo, el tejon y el puercoespín; sin
embargo también esta contrastado que el numero de especies de aves,
en un bosque quemado, aumenta. Esto se debe a que tras un incendio
crecen arbustos y árboles jóvenes diversos que es favorable para las
aves en general.
La quema de los bosques, en nuestra zona, produce alrededor del 20%
del
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dióxido
de carbono liberado a la atmósfera, lo que alarga la duración de
los periodos secos. Cualquier alteración atmosférica que aumente
la frecuencia de los periodos secos en Europa, puede tener graves
consecuencias en los bosques al aumentar la frecuencia de los incendios.
En los últimos años el número de incendios ha aumentado, aunque,
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