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La
evolución experimentada por los países desarrollados en las últimas
décadas, con un crecimiento de la actividad industrial y un aumento
continuado del volumen de tráfico en todos los medios de transporte,
han contribuido, en cierto sentido, a elevar la calidad media de
vida de los ciudadanos y también, en sentido contrario, a disminuirla
como consecuencia del notable incremento de la contaminación ambiental
y, en particular, de la contaminación acústica. De hecho, durante
los últimos veinte años la cantidad total de energía acústica producida
se ha duplicado en los países industrializados, aumentando especialmente
en las áreas urbanas densamente pobladas.
A ello hay que añadir que las actividades de turismo han creado
nuevos puntos y fuentes de ruido, provocando que, si bien el problema
de la contaminación acústica es fundamentalmente urbano, cada vez
es más frecuente encontrarlo también en determinadas zonas rurales.
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La
contaminación acústica es motivo de preocupación por las graves
molestias que origina y por sus efectos sobre la salud, tanto fisiológicos
como psicológicos, el comportamiento humano y las actividades de
las personas. Prueba de ello es que gran parte de las denuncias
y quejas en materia ambiental planteadas ante las autoridades tienen
por objeto actividades que provocan ruido o vibraciones excesivas
y molestas.
Las actuaciones tradicionales de lucha contra la contaminación acústica
se han revelado insuficientes, inadecuadas e ineficaces para garantizar
la protección de los ciudadanos contra esta forma de contaminación.
En consecuencia, instituciones como la Unión Europea se encuentran
trabajando en fórmulas como las que recoge el Quinto Programa de
Política y Actuación Medioambiental, que enumera varias medidas
a aplicar bajo la responsabilidad de los diversos agentes y que
incluyen cuestiones relacionadas con la información, la tecnología,
la planificación, la economía y la educación.
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En
todo caso, la multiplicación de focos emisores, la heterogeneidad
de las actividades que generan contaminación acústica y la complejidad
de las técnicas de control que requieren, dificultan la actuación
de los poderes públicos encargados de su regulación y gestión.
Hasta ahora, la protección contra el ruido ha sido incluida en cinco
programas de acción para la protección del medio ambiente. El Quinto
Programa prevé, además de la creación de un catastro de ruido y
proyectos de lucha contra el ruido, una mayor reducción de las emisiones
sonoras de los vehículos de motor, de los aviones y de las máquinas.
En el marco de la política comunitaria en materia de protección
contra el ruido resultan indispensables los incentivos económicos.
Entre las medidas posibles cabe mencionar:
- Las
subvenciones para la compra de materiales menos ruidosos.
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