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Hace
unos meses se cumplieron diez años desde que entró en vigor el Plan
Forestal Andaluz, y es ahora momento de valorar su estrategia y
su funcionamiento.
Este plan, aprobado en el Pleno del Parlamento de Andalucía en noviembre
de 1989, supuso una respuesta a la demanda de diversos colectivos
andaluces relacionados con el sector forestal e interesados por
el medio ambiente. En dicho plan se definió la estrategia a seguir
para cumplir el objetivo de poder llevar a cabo la mejora de sus
funciones ecológicas, y poder producir bienes y servicios para el
conjunto de la sociedad, así como mantener y mejorar la diversidad
biológica y la utilización de los recursos naturales renovables.
La ejecución del plan forestal en el periodo comprendido entre 1990
y 1998, supuso una inversión de alrededor de 250.000 millones de
pesetas. Durante todo este periodo se han llevado a cabo proyectos
muy importantes, tanto de
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repoblación
como de restauración forestal, así como el empeño por parte
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del
plan, de motivar e incentivar por medio de inversiones forestales
a los propietarios de los montes andaluces a incrementar las poblaciones.
También se realizaron tratamientos selvícolas, obras de hidrología
y se produjeron cerca de 176 millones de plantas en viveros públicos.
Para
cada uno de los proyectos establecidos se destinaron cantidades
importantes del presupuesto, que comprendieron desde material necesario
para poder llevar a cabo los trabajos, hasta personal encargado
y especializado en las respectivas tareas.
En cuanto a la repoblación forestal que se llevó a cabo en el citado
proyecto, hay que decir que se invirtieron aproximadamente unos
18.000 millones de pesetas. Se utilizó una gama de especies muy
amplia, autóctona y adaptada a las características del ecosistema.
Esto supuso el aumento de la repoblación forestal. Se incrementó
el uso de frondosas respecto al de
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