un
ejemplo significativo. Sólo con la previsión de un riego, que los
datos reales nunca han soportado, se ha hundido el mercado de la carne
de ternera en más de un 40%. La ciencia ha investigado, se han ampliado
los conocimientos, se han mejorado las normativas de matadero, despiece
y comercio, y la confianza se va recobrando lentamente. Los medios
de comunicación han sido claves para divulgar los hechos acontecidos,
aunque sea muy discutible el efecto que han conseguido, pero hemos
de aceptar que la alarma social ha sido muy superior al riego real.
Los defensores de los principios de precaución consideran que no se
disponen de suficientes elementos de información como para afirmar
la inocuidad de este alimento. Este ejemplo viene a reafirmar que
valoramos, cada día más, la seguridad total de nuestra salud.
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El
control alimentario, base de la salud.
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El
concepto de relación-beneficio-riesgo se rompe cuando hablamos de
alimentación.
Además, los beneficios
que
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esperamos
de nuestra alimentación no se resumen en la necesidad de satisfacer
nuestras necesidades fisiológicas en sus aspectos cuantitativos
y cualitativos, sino que también lleva aparejada múltiples factores
simbólicos y sociales. De todo ello se deduce que, en temas alimentarios,
el benéfico se acepta, pero el riesgo no. Las normas de seguridad
alimentaria no dependen sólo del control científico, sino de factores
de índole económica y cultural.
Transparencia
mediática, cultura en la sociedad, movilización de los consumidores,
intervención del Estado y de los expertos científicos, constituyen
un horizonrte común, que será testigo tan bien de las continuidades
de este difícil equilibrio producción consumo, y más en el siglo
de la biotecnología.
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