Las emisiones de contaminantes producidas por las centrales térmicas
En nuestro mundo industrializado, la inmensa cantidad de energía requerida suele suministrarse en forma de electricidad. La electricidad es una forma de energía totalmente limpia en su uso final que resulta hoy imprescindible en buena parte de las principales actividades humanas y constituye un motor esencial del desarrollo científico, técnico, económico y social. Sin embargo, a la hora de decidir cómo generar la electricidad, nos encontramos frente a una elección poco envidiable. Por una parte está el gradual pero inevitable daño al medio ambiente causado por la combustión del carbón y de los derivados del petróleo, combustibles fósiles; por otra parte, los riesgos, poco probables pero potencialmente catastróficos, asociados con la energía nuclear.

La relación entre demanda de electricidad y actividad económica es muy fuerte. Los períodos de elevado crecimiento económico van ligados a períodos de fuertes aumentos de la demanda de electricidad. En contrapartida, los períodos

de estancamiento o recesión económica se ven acompañados de muy moderados aumentos del consumo eléctrico. En consecuencia, el consumo eléctrico seguirá siendo un indicador fiable del nivel de desarrollo y calidad de vida de un país.

De acuerdo con los datos del Consejo Mundial de Energía, las reservas recuperables probadas de carbón existentes en España ascendían en 1990 a 1.450 millones de toneladas de hulla y antracita, 400 millones de toneladas de hulla bituminosa y 200 millones de toneladas de lignito pardo. Estas cifras no incluyen las reservas adicionales estimadas; 3.350 millones de toneladas serían recuperables en las condiciones económicas y tecnológicas previsibles.

En consecuencia, al ritmo actual de producción de carbón, los recursos nacionales serían suficientes para garantizar el abastecimiento nacional durante cerca de 50 años si se atiende únicamente a las reservas recuperables

probadas; durante 150 años si añadimos a las anteriores las reservas adicionales estimadas.

El carbón representa cerca del 70% de las reservas energéticas mundiales de combustibles fósiles conocidos actualmente. Constituye, y probablemente seguirá constituyendo en un futuro próximo, la materia prima energética más utilizada en la producción de energía eléctrica a escala mundial. Sin embargo, en el caso español, la disponibilidad relativamente limitada de reservas nacionales y, en muchos casos, su baja calidad supone un serio reto, dadas las exigencias medioambientales y el futuro marco de competencia.

A 31 de diciembre de 1995, la potencia total instalada de las centrales eléctricas españolas en servicio ascendía a 48.058 MW, de los cuales 17.478 MW correspondían a centrales hidroeléctricas, 23.163 MW a centrales termoeléctricas clásicas y 7.417 MW a centrales nucleares.

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