Los secretos invernales del botánico
El Real Jardín Botánico de Madrid se prepara para la primavera. El invierno -una estación dura para las plantas y las flores- fuerza a que 14 jardineros y 30 aprendices de la Escuela de Jardinería acondicionen el Botánico para las estaciones más calurosas.

El parque luce menos en esta época de invierno, pero se invierte el doble de esfuerzo. Hay que barrer las hojas de los árboles, preparar el terreno, podar setos y arbustos y preparar los semilleros de la flor de verano. Para el conservador del Botánico, Juan Armada, este proceso de embellecimiento es "una labor dura de fondo y trasplantes".

Florecer con lluvia y frío

A pesar de que la mayoría de los árboles adquieren una visión tristona en esta fría y lluviosa estación del año, en esta época también hay ciertas plantas que florecen. Es lo que les ocurre a las distintas clases de Crocus -tulipanes en miniatura- y a los narcisos. En esta dura época para la mayoría de las plantas, la flora canaria aguanta sin problemas las temperaturas invernales madrileñas. Como le sucede al alcanforero que se encuentra a la entrada

del real parque y que fructifica a final de año. De la familia del laurel, sus ramas emanan historia, pues es hijo de un famoso ejemplar del jardín que se secó y, a través de la conservación de sus semillas, los jardineros han logrado conservar la especie. Un nuevo éxito para la vida y la técnica humana al servicio de la biodiversidad.

Todas estas especies de plantas se hallan en la zona de la Terraza de los Cuadros. Ahí están la rosaleda, las plantas medicinales, aromáticas, ornamentales, de huerta y mediterráneas. Incluso, en ese hermoso y aromático ecosistema se pueden contemplar y apreciar pueden apreciar los almendros en flor, que dan un toque romántico al conjunto.

La ordenación de las plantas se establece en dos zonas más: la Terraza de las Escuelas Botánicas -un mundo de plantaciones ordenadas por familias y especies, que van desde bambúes a cardos o a gigantes sequoias- y la Terraza del Plano de la flor, con árboles, arbustos y una bella emparrada. Aquí también se puede visitar una espléndida

zona que ignora los rigores madrileños: el invernadero. Este emblemático espacio, de visita obligada, reproduce tres diferentes microclimas -el desierto, el trópico y el subtrópico- gracias a un ordenador que funciona de modo automático.

Cactus piedra
Las temperaturas en el desierto son bajas. Apenas llueve. Y las plantas, que provienen principalmente de los continentes americano y africano, se han acostumbrado al clima árido desarrollando unos sistemas para almacenar la mayor cantidad de agua posible. Son supervivientes natos o forzados. Los ejemplos más significativos son los cactus y, de entre ellos, el cactus piedra: estático y petrificado, pero "eternamente" vivo.

El agua abunda, en cambio, en las selvas tropicales. Las plantas exóticas -orquídeas, carnívoras o acuáticas- precisan para sobrevivir y reproducrise mucha humedad, tanto en verano como en invierno. La temperatura media es de 24º y la humedad relativa del 85%, con ligeras oscilaciones entre el día y la

   Home
Páginas 1 y 2