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cita
en julio en Berlín, y en este impás aparece le rechazo de los Estados
Unidos. La situación es mucho más compleja ya que hay aspectos pendientes
de definir como las medidas para garantizar el cumplimiento del
protocolo y la ayuda financiera a los países en vías de desarrollo,
un fondo anual de 1.000 millones de dólares.
Tras
el acuerdo de 1997 en Kioto, hay aún muchos detalles indefinidos,
sobre todo en la sistemática para contabilizar la reducción de emisiones
en cada país. Son 38 países los que deben reducir, en término medio,
un 5,2% sus emisiones, pero hay excesivos matices que, una vez concretados
pueden modificar estas valoraciones. Uno de ellos es la política
forestal y agraria, que puede realmente modificar los valores de
emisión. Los "sumideros", nombre que se da a la capacidad de absorción
de CO2 por la vegetación, y como contabilizar su efecto en el volumen
de emisiones de cada país, fue la causa del fracaso de la Cumbre
de la Haya. Los Estados Unidos justifican su rechazo en una serie
de
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argumentos
como la exclusión de la energía nuclear en esta temática, tener
en consideración las ampliaciones de masa vegetal en cada país y
la contabilización de los proyectos de ayuda a países en desarrollo
con efecto global sobre la reducción de emisión de gases invernadero,
y otras medidas incluyendo la compraventa de emisiones.
Cierto
es que integrar la energía nuclear en esta temática será una baza
filosófica importante, pero objetivamente sólo es un impedimento
y así lo ha demostrado el gobierno norteamericano. En estos momentos
el sentir general es retirar la temática nuclear de este tema.
Un
punto objetivamente aceptable es el denominado "lulucf" o efecto
sumidero, que preconiza contabilizar los efectos de los incrementos
de áreas forestadas en la absorción de CO2. Manejar favorablemente
el efecto de cultivos y bosques aligera notablemente las exigencias
de reducción en los niveles de emisión de gases responsables
del efecto
invernadero.
Lo que aún no se conoce
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suficientemente desde un punto de vista científico, es la evaluación
de estas medidas, pero, según la opinión de la Unión Europea, es
arriesgado aceptar estas consideraciones, por el riesgo de quitar
toda efectividad al protocolo de Kioto.
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Aumentar
las masas vegetales favorece el control climático
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