Historia del efecto invernadero

Las primeras referencias a este fenómeno las tenemos en el año 1827. El matemático francés Jean Baptiste Fourier observa, por primera vez, que ciertos gases, en particular el dióxido de carbono, retienen el calor atmosférico. En su parecer este fenómeno es similar al que ha visto en los invernaderos y por ello crea el termino "effet de serre". Desde entonces el "efecto invernadero" ha sido el nombre genérico dado a esta temática.

Las investigaciones científicas prosiguen y en 1860 el físico irlandés J. Tyndall, destacado por sus investigaciones sobre la difusión de la luz a través de las suspensiones coloidales y de sus estudios sobre el deshielo, profundiza en el estudio del clima y deduce que las concentraciones de CO2 en la atmósfera y sus variaciones, afectan a los cambios climáticos. Sus estudios marcan una pauta de investigación que otros científicos, en años posteriores, profun-dizarán llegando a conocimientos más concretos y detallados.

En 1903 el Premio Nobel de Química fue otorgado al físico sueco Svante Arrhenius

"como reconocimiento a sus grandes méritos adquiridos gracias a la formulación de sus teorías acerca de la disociación electrolítica y en el desarrollo de la química". El autor de la teoría de los iones que permite interpretar las leyes de la electrólisis y explica las propiedades químicas de las soluciones de electrólitos, no se limitó a estas disciplinas sino que también realizó investigaciones sobre el clima, llegando a deducir que duplicando la concentración de CO2 en la atmósfera, la temperatura aumentaría 5 ó 6ºC. Estas conclusiones han sido validadas posteriormente y forman parte de los conocimientos aplicados en la extrapolación de la actual situación climática que estiman un calentamiento progresivo de la superfície terrestre.

En esa línea, el meteorólogo británico G.S. Callender demostró que las temperaturas medias se habían incrementado entre los años 1.880 y 1.930. Su trabajo ecogió las mediciones de más de 200 estaciones metereológicas de varias partes del mundo.

En 1957, los científicos afirman ya con rotundidad que el incremento del dióxido

de carbono en la atmósfera puede ser peligroso. Desde 1.959, las mediciones se sistematizan y se establecen planes rigurosos de control, con base en Mauna Kea, en una isla de Hawai. El centro científico de la Universidad de Hawai tiene en ese paraje un importante observatorio astronómico y un potente centro meteorológico que ha ido suministrando información sobre el efecto invernadero a universidades y centros de investigación.

Mauna Kea es el centro principal de la investigación climática
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