La técnica de eliminación de los residuos urbano más generalizada en Europa es la del vertedero controlado que permite una eliminación final y completa de los residuos con la posibilidad de implantación de técnicas de reciclaje complementaras en la zona de vertedero.
La eliminación de los residuos deberá llevarse a cabo evitando toda influencia perjudicial para el suelo, vegetación y fauna, la degradación del paisaje, las contaminaciones del aire y las aguas y, en general todo lo que pueda atender contra el ser humano o el medio ambiente que le rodea.
Aunque sólo fuera su simplicidad, lo cual constituye una de sus ventajas , el vertedero controlado no admite los actos improvisados. Debe contemplarse como una obra de ingeniería sanitaria que exige un proyecto concreto que permita la selección apropiada de las soluciones más idóneas y una explotación racional y un adecuado control.
Los vertederos controlados se deben ubicar en las zonas adecuadas donde el impacto ambiental al medio natural-urbano sea mínimo y ello exige la necesidad de establecer una serie de criterios muy concretos para la elección de las posibles ubicaciones.
Los criterios que debemos considerar son los siguientes:
La morfología que debe presentar el emplazamiento es importante, ya que puede condicionar la ubicación y el acceso al terreno así como el método de explotación del R.S.U. Los datos metereológicos son importantes a efectos de que la localización elegida no esté en la línea de los vientos dominantes con los centros de población próximos.
Asimismo, el estudio pluviométrico de la zona es imprescindible para calcular el caudal del agua de escorrentía superficial del terreno del vertedero.
Para la elección del terreno, los criterios más importantes a manejar son las características litológicas, hidrogeológicas y estructurales en relación con su adecuación como vaso receptor de residuos sólidos para el vertedero y su impacto ambiental.
En las alternativas propuestas es conveniente efectuar sondeos para asegurar los datos geológicos obtenidos y conocer el espesor de la capa de recubrimiento, si existe in situ. Solamente en el caso de no encontrar un terreno hidrogeológico y geotécnicamente apropiado se valorará la posibilidad de impermeabilización del suelo que tiene siempre un elevado coste económico.