Para una gestión lo más racional y equilibrada posible de los residuos sólidos urbanos, resulta imprescindible conocer a fondo todos sus parámetros y características. Algunos de los interrogantes que se plantean respecto a ellos son: ¿qué cantidad de residuos se producen, dónde se producen, cuál es su composición, cuáles son sus propiedades, cómo varían estas propiedades, qué proporción puede ser reutilizada?
Estas y otras cuestiones requieren respuestas que son básicas para planificar e implantar programas de recogida selectiva, para programar adecuadamente los medios para gestionar los residuos no seleccionados y para prever las infraestructuras e instalaciones de tratamiento, recuperación y reciclaje. El conocimiento de la procedencia de los residuos orienta sobre su composición y características, muy diferenciadas unas de otras, y que posibilitan estructurar la gestión de los mismos de forma independizada. Esta medida es de difícil aplicación en núcleos urbanos con pocos habitantes debido a que todos los agentes que forman parte de la vida de la ciudad están íntimamente relacionados. En las ciudades que superen los 100.000 habitantes sí es posible planificar la segregación de alguno de estos residuos, aunque es conveniente diferenciarlos al máximo prescindiendo del tamaño de la población.

A continuación se desglosan, bajo un punto de vista típico, los diversos tipos de residuos habituales producidos por un núcleo humano: Domésticos, procedentes de mercados, viarios, comerciales, industriales y sanitarios.

Los residuos de los mercados
tienen una alta
composición en
materia órganica.
La gran diversidad de residuos que se producen en las ciudades requiere sistemas de gestión diferenciados. En algunas ocasiones esta diferenciación es muy problemática, sobretodo en las poblaciones pequeñas. Ello obliga a flexibilizar algo los conceptos teóricos y a aceptar ligeras desviaciones sobre los mismos, siempre que no impliquen riesgos medioambientales. Lo idóneo es disponer de sistemas diferenciados para los residuos domésticos y asimilados: residuos viarios, sanitarios y de mercados, pero esto sólo es posible en ciudades de cierta magnitud.

Los hospitales son los principales
productores de residuos clínicos, pero
no los únicos.
La asimilación de una cantidad discreta de residuos industriales y comerciales, aunque teóricamente sea incorrecta, facilita que estas entidades urbanas se desprendan de ellas y favorece el control de los vertidos indeseados. Esta es la misma teoría aplicada a los restos de jardinería, los cuales, aunque conceptualmente sí son asimilables a los residuos sólidos urbanos, no suelen estar amparados en las tasas municipales, siendo responsabilidad del productor su recogida, transporte y eliminación.
Los residuos sanitarios sin peligrosidad también pueden ser asimilados a los residuos sólidos urbanos, siendo una práctica habitual que se definan como de recogida obligatoria por parte del ayuntamiento para asegurar así un mejor control sobre los mismos, ya que, teóricamente, gran parte de ellos podrían tratarse como residuos industriales.
La composición aceptada para los residuos sólidos urbanos debe ser un compromiso que equilibre las necesidades ciudadanas con las obligaciones municipales y con las tasas abonadas por los ciudadanos, ya que este servicio es de obligada realización por los ayuntamientos, quienes asumen costos y responsabilidades. Bajo la denominación de residuos industriales, cuya recogida se centra en sector privado por no ser responsabilidad directa del municipio, las ordenanzas municipales suelen englobar los siguientes: Residuos masivos de jardinería con excepción de los aceptados como residuos sólidos urbanos, residuos masivos comerciales, envases y embalajes, salvo las cantidades aceptadas como residuos urbanos y residuos industriales en general.
Las empresas especializadas en recogida industrial están preparadas para poder recoger y valorizar todos estos productos de forma diferenciada. Por ello, es conveniente que los municipios no faciliten su integración en la recogida obligatoria de residuos sólidos urbanos ni acepten, bajo ningún concepto, la recogida de residuos tóxicos o peligrosos para el hombre o para el medio ambiente. Mención especial merecen los residuos inertes procedentes del desescombro de la demolición, que deben gestionarse separadamente. En todos estos casos, el ayuntamiento debe tener una función de control sobre estas operaciones y, especialmente, sobre el tratamiento final que se les dé.
Precisan de una máxima especialización y de sistemas de gestión totalmente diferenciados los residuos especiales, radiactivos y restos humanos, debido a sus importantes repercusiones medioambientales y sanitarias.