Existe una serie de residuos de carácter diverso que podrían clasificarse como especiales, dado que su limpieza requiere personal y medios muy concretos. Son las hojas de los árboles, los restos de la poda, los excrementos de animales, las áreas degradadas, los vehículos abandonados, etc.
La retirada de estos residuos de pueblos y ciudades requiere planificaciones especiales. Por tratarse de residuos muy variados y poco homogéneos, además de puntuales y estacionales, su solución depende de tres factores:
Los servicios que se precisan alcanzan costes considerables, razón por la que deben planearse con mucho detalle y bajo un prisma de prestación complementaria.

Hasta ahora, estas labores se han venido haciendo de una forma un tanto rudimentaria y con pocos medios. Una vez efectuada la poda, los operarios la dejan bajo los árboles para su posterior recogida, que no suele ser el mismo día. Más tarde, un equipo con un camión de caja abierta de gran volumen carga los residuos, dejando el área sin ramas pero llena de pequeños restos y hojas. Debido a estos restos, el ensuciamiento de la zona suele ser importante. En grandes ciudades y en localidades con gran número de árboles, este proceso se realiza de una forma más técnica e industrializada.
Entre el 10 y el 20% de la población española tiene perros en casa. La mayoría de excrementos caninos queda en los acerados de las ciudades y representa del 0,04% al 0,06% de los residuos de una ciudad. El problema de los excrementos caninos está muy mal visto por el resto de los ciudadanos, que no dejan de ser mayoría, pues además de su desagradable presencia, llega a implicar riesgos sanitarios. Ante este problema, más cualitativo que cuantitativo, los propietarios de los animales mantienen normalmente una actitud pasiva.
El coste de la recogida de excrementos de los perros es muy elevado. Frente al coste de la recogida de 1 kg de residuos sólidos, valorada en 1996 entre 5 y 10 pesetas, o de residuos procedentes de la limpieza viaria, entre 100 y 200 pesetas, la recogida de 1 kg de excrementos cuesta entre 500 y 1.000 pesetas.
Para minimizar el problema, los municipios han seguido dos vías: una normativa, que regula el comportamiento de los dueños de los perros mediante ordenanzas municipales; y otra de tipo técnico, que abarca medidas preventivas y correctivas.

El municipio suele facilitar una serie de medios para que los propietarios de los perros colaboren con la recogida de los excrementos. Los principales sistemas son: